domingo, 7 de septiembre de 2008

Verdes



Eran verdes sus ojos, me decía,
lo mismo que una tarde de tristeza,
verde de soledad, delicadeza
de la melancolía;
eran verdes, de verde lejanía
y edénica belleza,
como el verde que en flor se despereza
con íntima porfía;
hojarasca de selva enmarañada,
follaje verdemar de su mirada
de laica epifanía;
oro verde de olivo y aceituna
encalando la cara de la luna,
igual que este verdor del alma mía.


La pintura es de Roy Lichtenstein.