lunes, 23 de febrero de 2009

Julio


Carpani.

Los cronopios nunca mueren.

"En tu último vuelo, premonitorio (en los ángeles nada es casual, y tú te encargaste de destruir cualquier hipótesis acerca del azar), viniste a Barcelona, ciudad de tus dos años ("Recuerdo vagamente unas formas misteriosas y llenas de color, quizá las del parque Güell"), y luego, en un viaje fugaz pero estimulante, al nuevo Buenos Aires: el de la recuperación de la dignidad, el que saltaba a la luz luego de años de martirio y de silencio. Después, el regreso a París, con un cuerpo que ya empezaba a fallar y cuyos trastornos soportabas con dignidad, porque los ángeles no se quejan. Tampoco mueren, vos lo sabías, con la certeza de quien siempre estuvo del otro lado del espejo..." (Cristina Peri Rossi 13 / 02 / 1984)

Morirás en París, sin aguacero,
en primera personal del plural,
una tarde corriente de febrero
de enlutada tristeza vertical;
un encono de bruma y desespero
derramará su llanto de cristal,
tu pena de celeste paradero,
tu cielo de fervor gramatical.
Igual que un horizonte que naufraga
al filo de algún punto cardinal,
oscuro porvenir de incierta llaga,
invierno en la ceniza del rosal;
morirás en París, tal vez la Maga
te invoque con un beso funeral.


Incluido en Llevarás.

martes, 17 de febrero de 2009

Urdimbre


Foto: Amanda

Mi boca que te desviste
con el ajuar de mis dientes,
ronda el umbral de tus ingles
y se acuartela en tu vientre;
teje con besos la urdimbre
sobre el telar de tu frente,
y con la lengua te embiste
y con los labios te muerde;
cerca tu cuello de cisne,
bebe de sed en tu fuente,
igual que un pájaro libre
sobre la tarde silvestre.

lunes, 9 de febrero de 2009

Apetito

Mi boca como un cuchillo 
en el altar de tu pecho,
de dictador apetito
y de carnal mandamiento;
acero de doble filo,
hoja de espuma y almendro,
con el empeño de un río
que corre por el desierto;
labios que cenan contigo,
beso de amores hambrientos,
la sed con peso de siglos 

y esta vigilia de almuerzo.

Del libro Oceanario.
Foto: Amanda.

domingo, 1 de febrero de 2009

Margarita S.


insidemagp.blogspot.com

Margarita Silvestre, la lechuza,
montoncito de plumas y de pelo,
con un saco forrado de gamuza
cruza la línea del cielo;
lleva puesto el abrigo del desvelo
y una pena andaluza
le ciñe el corazón con desconsuelo
y entre sueños la azuza;
el búho que le “insomnia” la existencia,
arrogante de pompas y boato,
la tiene en celibato
de abstinencia,
y la pobre lechuza, noche y día,
con sus alas de amor en soltería.