miércoles, 29 de febrero de 2012

Herencia


Antiguo puerto de Barcelona

Para Alberto y Pedro, quienes me legaron su sangre.

Sólo tengo el recuerdo de su testa canosa
y el andar ceniciento de su paso bendito,
escondía en las manos un jardín infinito
donde ardía la rosa;
de sus ojos celestes de lenguaje contrito
una bruma de ausencia descendía, lluviosa,
corazón en solsticio de sutil mariposa,
hacia un cielo fortuito.
Sólo supo contarme del arado y la zuela,
de las tardes de invierno y las horas en vela
evocando el cobijo de una playa lejana;
confidente del viento, en las noches volvía
a su patria de entonces, con aquella porfía
de armazón catalana.

Incluído en el Libro Lllevarás en la piel.