martes, 27 de noviembre de 2012

De su sangre















Antiguo puerto de Barcelona

Para mis abuelos Pedro y Alberto que me legaron su sangre.

Sólo tengo el recuerdo de su testa canosa
y el andar ceniciento de su paso bendito,
acunaba en las manos un jardín infinito
donde ardía la rosa;
una bruma de ausencia descendía lluviosa
por sus ojos celestes, como un terco delito
de extrañar otro tiempo, otra luz y otro rito
de nostalgia forzosa;
sólo supo contarme del arado y el trigo
y del arduo trabajo de llevarme consigo
a otra playa lejana;
era amigo del viento y en las noches volvía
a su patria de entonces, con aquella porfía
de armazón catalana.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.