sábado, 30 de noviembre de 2013

Haikus rantes de un varón despechado

 




















Diego Manuel

Mina veleta,
de mistonga baqueta,
grela sin brillo,

de pinta escasa,
la chirusa más grasa
del conventillo.

Arrabalera,
percantita cualquiera,
de cualquier choma,

siempre de atorro
en el rante cotorro
de la Paloma.

Vivís de ronga
si hay un ñato que ponga
vento en el bulo...

Dicen que fuiste
la trotera más triste
del cabarulo.

jueves, 21 de noviembre de 2013

En un fitito 600 (de Carlitos para Carlitos)






















Sergio Álvarez

La novia de Gardel tiene un fitito,
modelo 29,
que lo usa de noche, cuando llueve,
para ir de Liniers a Caballito;
y tiene un gato persa y un perrito
del color de la nieve,
una falda, más bien tirando a breve,
y un lengue que compró para Carlitos.
Cuando quieren que no les de la cana
ni el tira de rondín ni la fulana
de chismes truculentos,
Gardel, con el sombrero requintado,
le pide que se siente a su costado
y se rajan los dos en el seiscientos.

(A mí me suena a cuento
y lo cuento según me lo han contado)

Del libro De diluvios y andenes.

viernes, 15 de noviembre de 2013

Profecía

Se moría de amor cada verano,
a fuerza de porfía,
una noche de tantas, cualquier día,
en el acto del beso más liviano.
Lo notaba en la palma de su mano
con empeño de salmos y homilía,
certidumbre de laica notaría
y demandas de peso cotidiano.
Argumento de roja intransigencia,
tesón, clarividencia,
desde el alto misterio de su fe;
con el firme presagio de lo cierto,
sin Dios y a cielo abierto,
ni culpa, ni exorcismos, ni plan B.

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Ivailo Petrov.

jueves, 7 de noviembre de 2013

Fetiche

"no sé si tendrás otra hoguera
que te queme tanto
como lo hice yo..."  (Sandro)

Tacón de agujas,
aquelarre de brujas,
fuego encendido,
sedas y bragas,
alfileres y dagas
de los sentidos;
rojo deseo,
afiebrado Romeo
por la cornisa,
manos filosas
deshojando las rosas
de tu camisa;
Adán primero,
torrentoso aguacero
sobre tu frente,
secreta herida
en mitad de tu vida,
desnudamente;
besos y bocas
agitando cariocas
de alado vuelo,
como dos fieras,
atizando la hoguera
que quema el cielo.

Del libro Oceanario.