domingo, 3 de mayo de 2015

Ella

Ella suele morirse de amor
los domingos de lluvia,
con un peso de culpa febril
que le tizna la ropa,
fatalismo de un viejo dolor
y una lágrima diurna,
entintando el florido jardín
con su sangre más roja.
Y se muere, puntual, a las seis,
repetida liturgia
de clavarse el puñal del jazmín
y el arpón de la rosa.
Ejercicio de muerte ritual,
magisterio de angustia
que enceguece el candil de su voz
y la besa en la boca.
Yo la he visto dejarse morir
sin poder remediarlo,
deshacerse en veranos de luz
y en orquídeas en armas,
con un beso de barro marrón
que le anubla los labios,
ceremonia tribal de partir 
a la hora del alba,
cuando el cielo se rompe de azul
y un diluvio de marzo,
torrencial de tristeza sin fin,
sin querer la desangra.

Del libro Oceanario.

11 comentarios:

Carlos dijo...

Ceremonia tribal de partir a la hora del alba...

Cecilia Orrillo dijo...


llegará, tangamente, mi muerte enamorada,
yo estaré muerto, en punto, cuando sean las seis.
...Moriré en Buenos Aires, será de madrugada,
que es la hora en que mueren los que saben morir.
Flotará en mi silencio la mufa perfumada
de aquel verso que nunca yo te supe decir.
Dijo el poeta.

Carlos dijo...

inevitable no recordar a Horacio, valga en mi defensa decir que, poética y métricamente, no hay otro horario posible de morir. :)

Carlos dijo...

de clavarse el puñal del jazmín y el arpón de la rosa...

Tita dijo...

Muy bello,maravilloso ese final triste.

Yo la he visto morir
sin poder remediarlo...

Un beso.

Carlos dijo...

Gracias Ana, como diría el Nano, "nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio".

Un beso grande.

Carlos dijo...

entintando el florido jardín con su sangre más roja...

Mar y ella dijo...

Es extraño,que de la muerte salgan versos hermosamente sentidos..
besos,pero no me dejes morir ...:)

Carlos dijo...

Igualmente Mar, son muertes metafóricas, literarias.

Te tomo de la mano.

Beso.

Carlos dijo...

fatalismo de un viejo dolor y una lágrima diurna...

Anónimo dijo...

Tangueando en Palermo
ví tus ojos de ópalo
cayendo febriles
por mi cadera.

Te miro,
hago que no te veo,
toda yo me impregno
de olor a mándala.

Bailemos sin prisa,
hechizados .

Más cerca
es un pedido,
más cerca,
de mis ganas,
más cerca.

Lo sé
el tango es un yeite
para aguarme
en tus brazos.

Intenta,
acércate más,
agárrame el alma
no ves que llora Troilo

y los oráculos
penden de alfileres.