lunes, 18 de enero de 2016

Verde esmeralda

Era la soledad como su sombra,
tirando de los pliegues de su falda,
agobio que la hiere por la espalda,
la diluvia y la escombra.
Mi voz, que no la busca ni la nombra,
con arpones de luna la aguirnalda,
tristeza de color verde esmeralda
que oculta la verdad bajo la alfombra.
Tan última de todos y tan quieta,
al borde del abismo de un planeta
donde nadie la asiste;
tan huérfana de luz que la deslumbre
en la cumbre
más alta de estar triste. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Lilya Cornelli.

viernes, 15 de enero de 2016

Pertenencia



Aquellos ojos de tristeza verde,
aliviadores de la sed y el pulso,
imperativos de un ardor de fiebre,
eran los ojos tuyos.

Aquellas manos que sembraban rosas
en el comienzo de la nueva luna,
reparadoras de las almas rotas,
eran las manos tuyas.

Aquellos pechos de maná del cielo,
dulce presagio de carnal conjuro,
brasa caliente de mis labios secos,
eran los pechos tuyos.

Aquella boca de abrigado manto,
pecaminosa de infantil ternura,
que obraba besos como Dios milagros,
era la boca tuya.

Del libro Llevarás en la piel.

miércoles, 13 de enero de 2016

Gatangamente (poema lunfa-sesual)

El gato taura del conventillo,
negra su sombra, negra la cola,
trepa al tejado de la chabola
y en la penumbra se hace un ovillo.
Ladra el perraje, loa algún grillo,
suena Carlitos en la fonola
y hay una gata que baila sola
con sus ojazos de verde brillo.
El gato taura le ronronea
una milonga canyengue y rea
de las que antaño cantaba el Mudo,
y la gatusa de piel albina,
le bate al gato, dulce y felina:
-Si me desnudas, yo te desnudo- ©

Del libro De lunfa somos.
Dibujo: Leticia Zamora Mendez.

jueves, 7 de enero de 2016

Sentimentalismos (una de piratas)

En homenaje a Emilio Salgari que iluminó mi infancia.

Sobre todas las minas te deseo,
palabra de corsario,

con mi pata de roble centenario
y el ojo en singular con que te veo.
Son tuyas las haciendas que poseo
y el vento que encanuto en el armario,
mi espada, mi vestuario
y el fruto laborioso del choreo.
Es tuyo mi bajel de cien cañones,
las olas de la mar y los doblones
de bronce, plata y oro.
Pedid lo que queráis que soy más rico
que el mismo Sandokán, pero suplico,
no me mangues el loro.

Del libro De lunfa somos.