martes, 29 de marzo de 2016

Ella suele dormir

Ella suele dormir acurrucada
sobre el costado izquierdo, previamente 

retira las heridas de su frente 
y se quita el dolor de la mirada;  

él le muerde los labios como nada
con un gesto de amor adolescente,
la ciñe entre sus brazos, firmemente,
a fuerza de porfía delicada;
le cuenta de pasadas maravillas,
la roza con los pies y las rodillas
y le miente promesas al oído, 
ella cierra su boca con un beso,
se pone por debajo de su peso
y piensa, sin querer, en su marido.


Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Nicoletta.

lunes, 28 de marzo de 2016

Miguel

A orilla de los montes, detrás de la majada 
la soledad pastora caminará a tu lado,
con una pena turbia que tizna la mirada
y un aire de tristeza sangrando a tu costado. 
De lunas mortecino, de sol aceitunado, 
el cielo de tu infancia, en alta llamarada 
renacerá del sueño del verde derrotado
como un toro de lidia que lanza su cornada.
Tu voluntad lectora será la ciudadela
donde calmar el hambre de tanta mala vida, 
en medio de sus odios la España dividida
deshojará con balas las tardes de Orihuela,
allí donde la patria de horror se desconsuela, 
se secará con versos la sangre de tu herida.

Del libro De diluvios y andenes.
Miguel: 30-10-1910 / 28-03-1942.

Palabras desde Josefina

Te faltará, Miguel, cuando te mueras,
la dulcísima voz de mi consuelo
para sembrar el ancho de tu suelo
de verdes primaveras,
y faltarán mis prisas costureras
al alba pesarosa de tu duelo,
hilvanes de la muerte, terciopelo
de espinas y tijeras.
Te faltará, Miguel, cuando el verdugo
te mezquine el penúltimo mendrugo,
la sombra de mi flaca compañía,
hambrienta como tú y abandonada,
no he de verme, Miguel, en tu mirada
ni sostendré tu mano con la mía.

Del libro De diluvios y andenes.

domingo, 27 de marzo de 2016

Usted

Yo la recuerdo a usted con tal porfía
y tan grave dolor en ambas manos,
arder de castidad en los veranos
de tibia cercanía,
la recuerdo tan íntima y tan mía,
sembrada de jazmines y manzanos,
volver sobre sus pasos cotidianos
a plena luz del día.
Tenaz como ninguna y laboriosa,
la recuerdo al cuidado de la rosa
con empeño floral de dicha verde.
Tan lejos por entonces del olvido,
quitándose las culpas y el vestido.
Tal vez usted recuerde.

Del libro De diluvios y andenes.
Imagen: Alejandra Baci.

lunes, 21 de marzo de 2016

De otoño fuimos

De otoño fuimos, aguijón que astilla
el oro de la tarde,
jirón de amarga luz, lluvia cobarde
que rueda por la piel de tu mejilla.
De otoño, en el trajín de la semilla
que no brota ni arde,
sin un beso de auxilio que retarde
este frío de agosto que acuchilla.
Regidos por la ley de los convictos,
sin fe ni veredictos
de inocencia;
al filo de la sed y la llovizna
que tizna
los modales de tu ausencia.

Del libro Oceanario.
Obra artística: Mi amada Lilya.

jueves, 17 de marzo de 2016

Quemadura

Como un ígneo conjuro de tizones
ardí sobre tu piel, humana lumbre
tiznando la maraña de tu pelo
con ansia de modales incendiarios;
encendido tizón de ramas secas
en la verde llanura de tu boca,
prendiendo fuego al monte

y a la cumbre más alta de tus ojos.
Terca fragua de luz en el latido
vertical de tu sangre,
subiendo por la sed de tu garganta,
presagio de otro tiempo y otra hoguera,
igual que el cielo rojo
de una antigua galaxia incandescente.


Del libro Oceanario.
Foto: Elisa Lazo de Valdez.

viernes, 11 de marzo de 2016

Ella traía


Ella traía
alcanfor de alegría
a manos llenas,
su negro pelo
era un pozo de cielo
de hierbabuena.

Jazmín liviano,
un ardor de verano
la consumía,
lágrima y ruego,
como un lazo de fuego
que la ceñía.

Tras de sus ojos
un enjambre de enojos
se deshacía;
agua de rosas
en la boca jugosa,
ella traía.

Bajo su espalda
una flor esmeralda,
de oscuro sino,
trenzaba estrellas,
desandando las huellas
de mi destino.

Eran sus senos
el infierno sereno
del penitente,
muslos de hoguera,
aguijón de la espera,
pubis urgente.

En la cintura
una fruta madura,
miel y ambrosía,
limón moreno,
de aguamiel y veneno,
ella traía.

Del libro Llevarás en la piel.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Motín

Anaís se amotina
con modales de gata vampiresa,
erguida vertical sobre la mesa
ensaya un stripits en la cocina;
se vierte como el agua, se ilumina,
se enciende, se afrancesa
y canta a media voz la Marsellesa
con descaro de gracia femenina.
Me manda ser su amante literato,
su bardo, su Romeo,
su príncipe valiente de entrecasa,
y presa judicial de su relato
se disfraza de reina del deseo,
de geisha, de odalisca, de payasa.

Del libro Oceanario.