sábado, 28 de mayo de 2016

Cieno y escombro

Cuando te falte el aire de mis labios
y te ahogues sin mí y no respires
más que cieno y escombro de cristales,
crucificada al miedo de no verme,
de no poder decir: —Amor, regresa,
aráñame la piel como hace tanto
y embísteme desnuda en la penumbra
de la noche más larga.
Cuando todo se vuelva un oratorio
de espinas y puñales
y nada de los dos nos sobreviva,
ni el pálido temblor de tu delirio,
ni el consuelo del llanto,
no quedará ni polvo del recuerdo.

Del libro Oceanario.
Imagen: Iain Crawford.

Don Zorro (hoy toca cuento)

Don Zorro Varonil de Amorencelo
se viste, piel en ristre, de etiqueta
y el viento en su veleta
presagia maravillas por el cielo.
En lo alto la luna de pomelo
recorta su silueta
y la zorra carnal que lo completa
lo cerca con las garras del desvelo.
Son tiempos de querer a mano llena,
de saltearse la hora de la cena
por hambres más urgentes,
y rondar con rituales inconfesos
la boca de tus besos
con el fino cuchillo de los dientes. ©


Del libro Llevarás en la piel.
Recitado en Radio UAI.

miércoles, 25 de mayo de 2016

Cumbre

Vencer el desafío de la cumbre
y amurallar tu vientre
donde fulge la luna que te habita 
desde el signo primero de los tiempos.
Febril planeta rojo
que orbita en el vacío de tus piernas,
igual que una galaxia fabulosa
ardida en el cenit del horizonte.
Confín inalcanzable,
oceánico canal de aguas profundas
donde naufraga el lirio temerario;
alhajero bellísimo que vierte
su espeso mar de niebla
en la orilla sedienta de mi boca.

Del libro Oceanario.
Fotografía: Michel Tarasov.

Nocturnidades

La desnudó con fuegos de artificio
y manos laboriosas,
conocedor carnal de ciertas cosas
y amante del amor en ejercicio;
experto en tal oficio
obró nocturnidades deliciosas
y un ángel de pericias prodigiosas
los puso en el umbral  del precipicio.
Entonces fue caer desde la altura,
desnudos y florales,
como tigres de roja dentadura;
feroces animales
que al filo de sus bocas torrenciales
ardieron en la misma quemadura.

Del libro Oceanario.
Pintura: Nicoletta.

martes, 24 de mayo de 2016

Ella fuma y espera

"Un cigarrillo se desangra en humo..." (L. Alposta)

Ella fuma y espera
y su boca se vuelve miel de lumbre,
mansedumbre
de lágrima y ojera.
Traza el humo una hilera
de formas que procuran cielo y cumbre,
siguiendo una costumbre
pasajera.
Y la vida se esfuma
con un fino ademán de niebla y bruma,
irreal y lejano;
escenario minúsculo de hoguera,
ella fuma y espera,
tan lejos del alcance de mi mano.

Del libro Oceanario.

Exigencia tribal

Indio Bravo exigir una cosa
que India Bella querer conservar,
con olor a jengibre y a rosa.
—O tener o tener. O pelear.
Con cuchillo de punta filosa
Indio Bravo pedir y mandar,
India Bella, de amor caprichosa,
debatir con el clan familiar.
Con modales de novia primera,
India Bella, de dulce manera,
intentar que Indio Bravo entender,
pero el indio, varón y machazo,
con la ley marital bajo el brazo,
obligar apellido a ceder.

lunes, 23 de mayo de 2016

Ateismo

Anaís sirve el vino
y parte el pan y reza de rodillas,
evangelio de laicas maravillas,
ritual de redención casi divino.
Peregrina de un sueño peregrino,
traspone las orillas
y se brota de lunas y semillas
en ardores de un culto clandestino.
Invoca al dios del hombre,
febril de castidad dice mi nombre
y erige su bastión en cada roca,
se vuelve luz y llama
y en el atrio nocturno de mi cama
comulga con saliva de mi boca.

Del libro Oceanario.
Fotografía: Jean F. Jonvelle.

Cuatro besos de sal

A la vera del mar, sirena ignota
soñaba con un príncipe marino
que cambiara la ley de su destino
con paciencia devota.                                                  En andas de la ola más remota,
de vaivén cristalino,
aquel sueño de amor crepusculino
portaba un fatalismo de derrota.
Cuatro besos de sal en carne viva
enfangaban de pena                                                      su cola de almidón y piel cobarde.
En medio de un dolor a la deriva,
con modales de arena,
fugaba en la penumbra de la tarde.

Del libro Oceanario.
Ilustración: Mira Nedyalkova.

Rosa de los vientos

Mujer de inmensidades,
nereida de corrientes submarinas,
en tu boca me vierto torrentoso
como el mar más espeso de la tierra.
Al pairo de mis manos,
en hilera de besos te deshilas,
lo mismo que la rosa de los vientos
que busca un horizonte inalcanzable.
Eres puro temblor, un exorcismo
de espuma turbulenta
que agita el remolino de mis labios,
mientras cruje la quilla de tu viente
febril y lujurioso,
ante el íntimo embate del madero.

Del libro Oceanario.
Foto: Sabrina Dacos.

Nunca

Ella toma la forma de su pena
y se vuelve tan ínfima y tan fina
que en su cama de sombras se adivina
un insomnio de sábanas de arena.
Parece mar adentro una sirena
de nocturna tristeza submarina,
erecta como el filo de una espina
que sangra y que gangrena.
Afónica de voz lo nombra en vano
y en el cuenco vacío de su mano
estalla un temporal de dicha trunca.
En cortejo de lágrimas y besos
se sienta en el umbral de los regresos.
Pero él no vuelve nunca.

Del libro de poemas Oceanario.

domingo, 22 de mayo de 2016

Revuelta

Ciertas noches oníricas de insomnio
en lumbre te conviertes
y sales al encuentro de mis manos
febril del corazón y decidida.
Un deleite de roja quemadura
te brota de la carne,
igual que una revuelta de candiles
que enciende el arcoíris de tu boca.
Apetito de amor con que conjuras
el hambre que adoctrina
el pulso torrentoso de la sangre,
lo mismo que un diluvio de agua espesa
que corre por la sed de tu garganta
con íntimo sabor a miel silvestre.


Del libro Oceanario.
Ilustración: Alexander Timofeev.

lunes, 16 de mayo de 2016

La Lola (Segunda parte)

III

La Lola pena que pena
con olivares y espuma,
cante de viento y de bruma,
rumbitas de luna llena;
un beso de hierbabuena
desde su boca perfuma
y leve como una pluma
se desvanece en la arena.
Negra la tinta del pelo,
lo mismo que un tigre en celo
desangelado y cautivo.
Por desnudarla en un beso
late febril desde el hueso
el corazón con que vivo.

IV

Lola de nadie y tan mía,
por esas calles de frío,
su boca en el beso mío
rompe las claras del día;
voz de doliente afonía,
rezo campal de rocío,
como las aguas de un río
con aires de bulerías.
Lola de viento y hoguera,
puerto sin mar, hechicera
de celestial herejía;
como una fruta madura
su boca de selva oscura. 
De nadie (nadie), y tan mía.

Del libro Llevarás en la piel.
Pintura: Fabián Perez.
Mieres - Asturias - Año 2000 (creo).

La Lola

A palo seco, la Lola,
gitana como ninguna,
como ninguna tan sola,
tan sola como la luna;
rojo temblor de amapola,
morena piel de aceituna,
arrullo de caracola
y herencia de pena bruna.
La Lola, fruto y espina,
tarde de fiesta taurina
con el tesón de la roca;
zumo de almíbar su beso,
anochecido y espeso,
que se deshace en mi boca.

II

La Lola que se deshoja
como un rosal ofendido,
desconsolado latido
herida que la despoja;
luto de llanto y congoja
que le encordela el vestido,
igual que un lazo tejido
con hilos de sangre roja.
La Lola, de cantaores,
rubia verbena de flores
de un recio cante gitano.
Azul temblor de rocío,
para abrigarla del frío
baste el tizón de mi mano.

Del libro Llevarás en la piel.
Pintura: Fabián Perez.

domingo, 15 de mayo de 2016

Portazo

En un bolso minúsculo de cuero
(sin vigilia de besos ni apetito),
guardó su soledad al infinito
y se animó a pensar: —Ya no lo quiero.
A la izquierda del cero,
con certeza de lágrima y de rito,

un diluvio de llanto manuscrito
hilaba el historial de un aguacero.
Apagó cada luz una por una,
en el alba, la luna

urdía el aguijón de su zarpazo.
Dejó sobre la mesa las dos llaves,
quemó cuartel y naves
y se fue del amor dando un portazo.


Del libro De Diluvios y andenes.
Soneto publicado en la Revista El Tangauta.
Pintura: Fabián Pérez.

Vigilia


Quiero que me esperes. hambrienta de besos,
sentada a la mesa,
desnuda y paciente, como una promesa
de amor en los huesos.
Amantes y espesos,
con una inocencia de sed feligresa,
igual que una niña que a Dios le confiesa
pudores y excesos.
Apaga las luces y enciende la luna,
detén los relojes de toda la casa,
verás como pasa
puntual de alborozo la diosa fortuna.
Urgente y obsesa,
hambrienta de besos, sentada a la mesa.

Del libro Oceanario.

viernes, 13 de mayo de 2016

Clitóris

Clitóris se llama mi gata de angora,
es suave y confiada,
con finos modales de princesa mora
parece una rosa de amor encantada;
niña exploradora,
de espuma de seda la cola erizada,
con cierto desgano maúlla a deshora
y trepa al abismo de la madrugada.
Clitóris se encoge cuando tiene frío
y en un rumoroso temblor de rocío
se tiende a la orilla de la chimenea;
felina de besos,
en un fatalismo de sueños espesos
se diluye en aguas, como la marea.

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: M Marumatsu.

miércoles, 11 de mayo de 2016

La ausente

"lo atroz de la pasión es cuando pasa" (JS)

Ya no nos queda un Dios benevolente
y a nada sabe el beso
en la boca de zarzas y en la frente.
Ya no calan el hueso
el frío de la lágrima y el peso
de llorar de tristeza, blandamente,
lo mismo que dos niños al regreso
de un roto continente.
Se ha congelado el agua de la fuente,
hasta ayer río espeso,
por eso
hay que decir adiós, forzosamente,
y hay que luchar para salir ileso.
Sólo serás “la ausente”.


Del libro De diluvios y andenes.

lunes, 9 de mayo de 2016

La más triste de todas la mujeres

Volvía del amor con cierta pena
de haber cruzado en vano
la larga travesía del verano.
Igual que una sirena
varada en el abismo de la arena,
llevando en cada mano
un retoño de espanto cotidiano
y un oscuro suplicio de gangrena.
Hiriente soledad que la castiga
y escombra su latido
a punta de cuchillos y alfileres;
soledades de cardos y de ortiga,
lo mismo que el olvido.
La más triste de todas las mujeres.

Del libro Oceanario.

Plegaria

Ella reza su amor de rodillas:
—Hombre mío que estás en mi cama
y en un llanto de sal se derrama
como un barco en la orilla.
Espejismo de sed, maravilla
de grabar con buril de retama
un jardín en la piel, melodrama
de pasión amarilla.
—Hágase lo que tú dictamines,
que se vuelvan mis labios jazmines 
y tu beso, razón que sofoca.
—No me dejes caer, hombre mío,
corazón de rocío,
que me quiero morir en tu boca.

Del libro Oceanario.

El verde corazón

Sobre tu piel de brote contenido 
(frondosa de palomas y veranos), 
retoñará la savia de mis manos
para salvar tu tallo desvalido.   

En la pulsión del beso florecido 
renacerá la miel de los manzanos,
el pan de los asuntos cotidianos
y el curso del latido.

Almática porfía,
con lluvia de tu boca me alimento,

espiga vertical de mi sustento
cerrando un escenario de sequía. 
Siémbrame aquí, de flores y de trino 
el verde corazón con que germino.

Del libro Llevarás en la piel.