domingo, 26 de junio de 2016

Si digo Diego

"Mi Diego, espejo de la noche, el hueco de tus axilas es mi refugio" 

Si digo Diego digo de la herida
que arde como el fuego, 
enjambre de sus besos, tuya (Frida),          sentencia sin responso ni sosiego.
Si digo Diego digo de la vida
y del dolor más ciego,
al filo de sus manos, siempre (Frida),
en la dicha mayúscula del juego.
Si digo Diego, digo la medida
del alma desvalida
en el último aliento de mi ruego,
esquirla de metal, paloma ardida, 

amor y digo Frida, 
infierno, muerte, Dios y digo Diego.

Del libro De diluvios y andenes.

viernes, 24 de junio de 2016

De amor y de sangre

La Khalo, Dios mediante,
se guarda en el regazo de Rivera,
orgía de paloma mensajera
en la trompa viril del elefante.
Inmersa en el desborde de su amante
asciende por la cumbre de la hoguera,
ella, novia primera,
y Diego, musical y trasnochante.
Con lágrimas de llanto
suturan el agravio de la herida
y ruedan por el río de sus pieles;
conjuro de las almas, nunca tanto,
Diego y Frida,
en un cerco de brasas y pinceles.

Del libro Oceanario.
Pintura: Lisa Falzón.

jueves, 23 de junio de 2016

Otro jueves cobarde

"Otro jueves de esos que no se dejan besar” (J. Sabina).

La nostalgia le escombra las manos
con antiguos modales de hogueras
y la nombra de varias maneras
bajo un cielo de azules urbanos.
Mandamientos profanos,
que la acechan con ojos de fieras,
desempolvan antiguas quimeras
de recuerdos lejanos.
Ella (toda dolor), se estremece
como un llanto que crece
desde el rojo final de la tarde;
fatalismo de sed que la tizna
con un terco temblor de llovizna,
otro jueves cobarde.

Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Katia Chausheva.

Búsqueda

(Cuento para aprender a jugar)

En la selva de tu pelo enmarañado
busco estrellas de neón y porcelana
y una luna de redonda filigrana
que naufrague en el arcén de mi tejado.
Busco el rojo mapamundi del pecado,
donde Dios (el diablo y Dios) y la manzana,
convirtieron a la Eva cotidiana
en un ángel de pasión, abandonado.
Busco un cielo más allá de este planeta
y un estrecho corredor de luz secreta
que conduzca al otro del espejo;
cierta llave de oro blanco (cerradura
de profética conjura),
donde Alicia se desnude ante el conejo.

Del libro Oceanario.

miércoles, 22 de junio de 2016

Latido

Me despeñas del borde del olvido
y te muerdes los labios hasta el llanto
por no rezar el salmo de mi nombre
con un torpe ejercicio de silencio.
Ausente de mis cosas,
caminas por el filo de la lluvia,
lo mismo que un fantasma solitario
que va a ninguna parte.
Y te quitas la piel como un vestido
que lleva cada marca de mis dedos,
en plan de fuga vana.
Soy el calco preciso de tu sombra,
voy contigo,

lo mismo que un latido de tu sangre.

Del libro Oceanario.

martes, 21 de junio de 2016

Estival

"Gorriones presos de un mismo viento..." (JMS)

Con saliva del barro de mis besos
y oficio de artesano,
en el hueco florido de tu mano
(como gorriones presos),
el pulso contenido de mis huesos
anuncia la llegada del verano,
conjuro soberano
de los meses más íntimos y espesos.
Al alba de tus ojos,
lo mismo que manojos
de retamas,
me vuelvo la razón de tu sustento
y soy el alimento
que reclamas.


Del libro Llevarás en la Piel.

lunes, 20 de junio de 2016

Clasificados

Eximio bailarín arrabalero,
fetén de parlería,
busca nami que borde la poesía
lironda y musical de Baldomero,
que teja madreselvas en damero
por enlazar su casa con la mía
y en el orre gotán de cada día
me bese con desbordes de aguacero;
que lleve en el estío de sus ojos
un mar de peces rojos
danzando en el estuario de la luna,
y abeja de cristal en la colmena,
lo mismo que Malena,
me robe el corazón, como ninguna.

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Carlos Killian.

Tres veces

Me negarás tres veces, si es preciso
(en nombre de la pena), 
con un seco desgarro de azucena 
y un oscuro verdor de paraíso. 
Corazón insumiso 
en larga procesión de cuarentena, 
redonda cicatriz de luna llena 
que alumbra de improviso. 
Inútil terquedad, empeño vano 
de soltarte ligera de mi mano,
sin fe de niña santa. 
Tres veces, otras más y otras quinientas, 
evangelio de lágrimas sedientas
que tizna el arenal de tu garganta.

Del libro Oceanario.

Fotografía: Katia Chausheva.

Apetito

"Escribo álgebra emocional" (Anaís Nin)

 Anaís se desnuda en la cocina
y alista el mobiliario de la cena
(con empeño de amante disciplina
guarda muda y sostén en la alacena).
Cotidiana rutina
de quitarse su traje de sirena,
mientras bate la leche con la harina
y ordena lo que luego desordena.
Descorre la cortina
y una luna de cósmica melena
la sorprende febril y clandestina.
Casero corazón de niña buena,
en su boca felina
se duplican los besos por docena.

(Si la sal se derrama,
a espantar los conjuros en la cama)

Del libro Oceanario.

Adiós

Ella deja en la casa del poeta
una nota de grises desencantos
(se escribieron de amor, poemas tantos),
él sostiene en la mano una violeta.
Ella guarda la lluvia en la maleta
de otoñales quebrantos,
él desata la cinta de los llantos
y fuga tras la cola del cometa.
Ambos miran la tarde, distraídos,
ella, rota en olvidos,
se pierde torrencial por Buenos Aires,
él la mira partir, no dice nada,
la besa con la última mirada
y el adiós es un pájaro en el aire.


De libro Llevarás en la piel.
Dibujo: Eduardo Úrculo.

domingo, 19 de junio de 2016

Exilio

Nada tienen que ver en este cuento
adanes ni serpientes,
yo mordí la manzana con los dientes
por propia voluntad y entendimiento.
Más allá de la culpa y el tormento
de santos e inocentes,
ni Dios ni sus esbirros asistentes
decidirán por mí dicha o lamento.
Me nombro con mi voz y lo que digo
(sin ser verdad probada),
es todo lo que soy y Adán lo sabe.
Asumo mi castigo,
si tengo que marcharme desterrada
debajo del jarrón dejo la llave.

Del libro Llevarás en la piel.

viernes, 17 de junio de 2016

Jubileo

Al pulso de mi mano
adorno tu figura y te moldeo,
ritual de darte forma, jubileo
de un culto laberíntico y profano;
litúrgico y mundano
atizo el vendaval de tu deseo
y el río de la sed como un trofeo
de goce cotidiano.
Febril del corazón y a mi manera
tutelo el ardimiento de la hoguera
que te tiene cautiva,
evangelio de roja dictadura
que manda y que conjura
el hambre de tu piel en carne viva.

Del libro Oceanario.

jueves, 16 de junio de 2016

Clasificados

Busco mujer que firme por escrito
los besos que prometa dar mañana,
que escriba en el cristal de la ventana:
"Amor, te necesito".
Que quiera a voz en grito,
pacífica de besos y liviana,
tentando al Lucifer de la manzana
con lúdico apetito.
Que irrumpa en actitud de jubileo,
tenaz en el deseo
de ser mía,
y roja de pudor admonitorio
invente de la nada un purgatorio
de negra lencería.


Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Mi amada Sara Bishop.

martes, 14 de junio de 2016

Contraseña (contrasueño)

"Siento que me deshabito para habitarte"

Una mujer se duerme lejos mío  
y en el sueño que sueña
del abismo del alma se despeña
y se arroja al vacío. 
Lo mismo que la estela de un navío, 
torrencial y pequeña, 
memoriza sin fe la contraseña
del secreto lenguaje del rocío.
En la verde llanura de su cama
espesa se derrama  
y en arcilla de barro se convierte.
Se desnuda ante mí (que estoy tan lejos) 
y rompe los espejos  
para cambiar el sino de su suerte.
 
Del libro Oceanario.

Lloverse en junio

En junio se deshoja, puntualmente,
con floral disciplina,
un otoño de lluvias la conmina
y le tizna el oasis de la frente.
Desnuda, como ausente
del verde que en octubre la germina
se sienta a diluviar en cada esquina
irremediablemente.
La rosa, compasiva, la consuela,
y el lirio, centinela,
pone un beso en su boca desangrada.
A veces yo la tomo de la mano
y le cuento un domingo de verano,
que dura casi nada.

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Malcolm Liepke.

lunes, 13 de junio de 2016

Mujer inmóvil

Apenas lo menciono te desnudas
con intimo portento,
y te brilla la piel, de tan obscena,
como un rojo carbón incandescente.
Con empeño de diestros ademanes
prendes fuego a tu ropa
y te ofreces a mí, mujer inmóvil,
en terca ceremonia de arrebato.
No niegas ni especulas
ni repites antiguas homilías
de una arenga difusa de palabras;
en ayuno de besos
transiges al furor de la tormenta
y te llueves de un modo interminable.

Del Libro Oceanario.
Fotografía: Theo Gosellín.

sábado, 11 de junio de 2016

"Sin ti mi cama es ancha..."

"Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar"

A usted que duerme sola le aconsejo,
requise los armarios de la pieza,
no vaya a ser que el dios de la tristeza
se oculte en el revés de algún espejo.
Acaso un llanto viejo
le arañe la ilusión con aspereza,
la pena con arpones de certeza
avanza para atrás, como el cangrejo.
Si siente que un recuerdo la reclama
revise cuarto y cama
y cierre el corazón con doble llave.
Desnúdese del miedo,
si es preciso quererla, yo me quedo.
(Usted ya sabe).

Del libro Oceanario.
Pintura: Georgy Kurasov..

jueves, 9 de junio de 2016

Muak (hoy toca cuento para niños grandes)

En el marco polar de una frazada,
dos amantes de frío,
al paso de la nueva madrugada
se abrigan con un beso de rocío.
No basta la mirada
para saciar el ancho desvarío
de tanta intimidad desordenada
por el cuarto vacío.
Hay un beso colgado de la puerta,
detrás de la cortina
y otros tantos que rompen al instante.
A boca descubierta
él le muerde los labios y adivina
cuanta noche les queda por delante.


Del libro: Llevarás en la piel.
Dibujo: Leandro Lamas.

lunes, 6 de junio de 2016

Alguien muere de amor esta mañana

Alguien muere de amor esta mañana
en que los futurólogos del mundo
anuncian tempestades y borrascas
con severos discursos,
y se descubre el sol de otra galaxia,
al este de las lunas de Mercurio,
hundimientos de ríos y montañas,
revueltas y disturbios.
La bolsa de Berlín cotiza en alza
el espurio dinero de cien tipos
al borde de un océano de plata,
y en Guinea del Sur se muere un niño
que lleva en el umbral de la mirada
un hambre de hace siglos.

Del libro De diluvios y andenes.

jueves, 2 de junio de 2016

Como novios (hoy toca cuento)

Por el Bajo, dos tiernos elefantes,
caminan con acordes de zarzuela,
él estrena bastón, bombín y guantes
y ella luce un tocado de acuarela.
En un banco de plaza los amantes

se besan como novios de novela
y barritan de amor, multiparlantes,
sin tino ni cautela.
El le dice, goloso: —Gorda mía,
y ella muere rotunda de alegría,
de la trompa a la punta de los pies.
Con redonda porfía,
él pregunta: — ¿Me quieres todavía?
y ella dice, bajito: — ¿Me querés?


Del libro Llevarás en la piel.