miércoles, 29 de junio de 2016

Eva

Y Dios te hizo mujer, carnal semilla
de la urgencia de Adán y su desvelo,
exorcismo de amor, paloma en vuelo
de incierta maravilla;
desde el mínimo albur de una costilla
con hilos de oro azul trazó tu cielo,
la selva de tu pelo,
los muslos, el ombligo, la barbilla.
Con afanes de arcilla,
tu destino lunar, tu ajuar en celo,
la lágrima sutil del desconsuelo
que tizna tu mejilla…
Eva serás y te marcó en la frente,
el árbol, la manzana, la serpiente.


Del libro Llevarás en la piel.

Haikus torrenciales

Honda cisura
de virginal blandura,
herida en celo,
gajo de mimbre,
malabares de urdimbre
rozando el cielo.

Sino del hambre,
sumarísimo enjambre
de fruta nueva,
orilla vana,
como aquella manzana
de Adán y Eva.

Húmedo brote
que conduce al escote
de tu deseo,
profundidades,
como rojas verdades
de un devaneo.

Surco y espiga
que a mi voz se desmiga,
ceremoniosa,
ribera rubia,
exorcismo de lluvia
sobre la rosa.

Del libro Oceanario.
Foto: Sabrina Dacos.

martes, 28 de junio de 2016

Húmeda

Impenitente, húmeda, mojada,
resbalas por el borde de mi mano,
tormenta de verano
desatada,
diluvio universal de agua sagrada,
espuma de torrente veneciano,
como un rumor lejano 
de antigua providencia derramada;
presagio pasajero de llovizna
que tizna
el universo de la rosa,
turbión confidencial de mar espeso
que rompe contra el beso
con ímpetu de lava silenciosa.

Del libro Oceanario.

domingo, 26 de junio de 2016

Si digo Diego

"Mi Diego, espejo de la noche, el hueco de tus axilas es mi refugio" 

Si digo Diego digo de la herida
que arde como el fuego, 
enjambre de sus besos, tuya (Frida),          sentencia sin responso ni sosiego.
Si digo Diego digo de la vida
y del dolor más ciego,
al filo de sus manos, siempre (Frida),
en la dicha mayúscula del juego.
Si digo Diego, digo la medida
del alma desvalida
en el último aliento de mi ruego,
esquirla de metal, paloma ardida, 

amor y digo Frida, 
infierno, muerte, Dios y digo Diego.

Del libro De diluvios y andenes.

sábado, 25 de junio de 2016

Amor de morondanga

Pero tú no, tú no, tú no... (JMS)

Ya no quiero tu amor de morondanga
ni tu beso-peluche de estropajo,
ni escarmiento de lágrimas ni andrajo
de labios de fritanga.
Por mí puedes bailar una pachanga
en la punta más alta del carajo
y arder con estertores de badajo
en rumbas domingueras de bullanga.
Simulacro de llanto compartido
y minga de promesas
en la tarde del último aguacero;
cada quien con su parte del olvido,
el cloruro de sodio con que besas
ya no sala la carne del puchero.

Del libro De lunfa somos.

Pintura: La exquisita Jeanne Lorioz.

viernes, 24 de junio de 2016

De amor y de sangre

La Khalo, Dios mediante,
se guarda en el regazo de Rivera,
orgía de paloma mensajera
en la trompa viril del elefante.
Inmersa en el desborde de su amante
asciende por la cumbre de la hoguera,
ella, novia primera,
y Diego, musical y trasnochante.
Con lágrimas de llanto
suturan el agravio de la herida
y ruedan por el río de sus pieles;
conjuro de las almas, nunca tanto,
Diego y Frida,
en un cerco de brasas y pinceles.

Del libro Oceanario.
Pintura: Lisa Falzón.

jueves, 23 de junio de 2016

Otro jueves cobarde

"Otro jueves de esos que no se dejan besar” (J. Sabina).

La nostalgia le escombra las manos
con antiguos modales de hogueras
y la nombra de varias maneras
por un cielo de azules urbanos.
Maleficios gitanos,
que la acechan con ojos de fieras,
desempolvan antiguas banderas
de recuerdos lejanos.
Ella (toda dolor), se estremece
como un llanto que crece
desde el rojo nupcial de la tarde;
fatalismo de sed que la tizna
con un terco temblor de llovizna,
otro jueves cobarde.

Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Katia Chausheva.

Porfía

El mapa de tu piel, esa conjura
librada al desgobierno de mi mano,
ardido planisferio de verano
de roja dictadura;
deleite de lasciva desmesura
con que rondo tu cuerpo cotidiano,
mandamiento de amor samaritano
al alba más oscura.
Territorio lunar, orilla verde
donde el beso se pierde
a fuerza de heroísmo y de porfía;
evangelio de laico desenfreno,
ritual, sermón obsceno
que rezo como el pan de cada día.

Poema que inicia Oceanario.

Búsqueda

(Cuento para aprender a jugar)

En la selva de tu pelo enmarañado
busco estrellas de neón y porcelana
y una luna de redonda filigrana
que naufrague en el arcén de mi tejado.
Busco el rojo mapamundi del pecado,
donde Dios (el diablo y Dios) y la manzana,
convirtieron a la Eva cotidiana
en un ángel de pasión, abandonado.
Busco un cielo más allá de este planeta
y un estrecho corredor de luz secreta
que conduzca al otro del espejo;
cierta llave de oro blanco (cerradura
de profética conjura),
donde Alicia se desnude ante el conejo.

Del libro Oceanario.

miércoles, 22 de junio de 2016

Latido

Me despeñas del borde del olvido
y te muerdes los labios hasta el llanto
por no rezar el salmo de mi nombre
con un torpe ejercicio de silencio.
Ausente de mis cosas,
caminas por el filo de la lluvia,
lo mismo que un fantasma solitario
que va a ninguna parte.
Y te quitas la piel como un vestido
que lleva cada marca de mis dedos,
en plan de fuga vana.
Soy el calco preciso de tu sombra,
voy contigo,

lo mismo que un latido de tu sangre.

Del libro Oceanario.

martes, 21 de junio de 2016

Amor cúbico

Con gestos de precisa simetría,
piramidal de besos,
agudo de las formas, como siempre,
cerqué la diagonal de tu cintura,
tus ojos de rectángula tristeza,
la elipse de tus labios,
el óvalo perfecto de tu ombligo
y el ángulo cerrado de tu boca.
Polígono de amor y de porfía
te nombré tantas veces
como números primos se conocen,
y en tu vientre de curvas afiebradas,
horizontal de modos varoniles,
tracé la bisectriz de tu deseo.

Del libro Llevarás en la piel.
Pintura: Nicoletta.

Estival

"Gorriones presos de un mismo viento..." (JMS)

Con saliva del barro de mis besos
y oficio de artesano,
en el hueco florido de tu mano
(como gorriones presos),
el pulso contenido de mis huesos
anuncia la llegada del verano,
conjuro soberano
de los meses más íntimos y espesos.
Al alba de tus ojos,
lo mismo que manojos
de retamas,
me vuelvo la razón de tu sustento
y soy el alimento
que reclamas.


Del libro Llevarás en la Piel.

lunes, 20 de junio de 2016

Clasificados

Eximio bailarín arrabalero,
fetén de parlería,
busca nami que borde la poesía
lironda y musical de Baldomero,
que teja madreselvas en damero
por enlazar su casa con la mía
y en el orre gotán de cada día
me bese con desbordes de aguacero;
que lleve en el estío de sus ojos
un mar de peces rojos
danzando en el estuario de la luna,
y abeja de cristal en la colmena,
lo mismo que Malena,
me robe el corazón, como ninguna.

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Carlos Killian.

Tres veces

Me negarás tres veces, si es preciso
(en nombre de la pena), 
con un seco desgarro de azucena 
y un oscuro verdor de paraíso. 
Corazón insumiso 
en larga procesión de cuarentena, 
redonda cicatriz de luna llena 
que alumbra de improviso. 
Inútil terquedad, empeño vano 
de soltarte ligera de mi mano,
sin fe de niña santa. 
Tres veces, otras más y otras quinientas, 
evangelio de lágrimas sedientas
que tizna el arenal de tu garganta.

Del libro Oceanario.

Fotografía: Katia Chausheva.

Amantes

En un banco de plaza a cielo abierto
comenzaron a amarse sin reparos,
igual que las estatuas de cemento

de mármoles ajados.
Voraces de apetitos irresueltos
hicieron el amor como lagartos

que se tumban al sol de los inviernos
en orgasmos de almíbar y de barro.
Ardiendo como pétalos de brasas,

desnudos y febriles,
se amaron hasta el último delirio.
Ejemplares, las turbas arbitrarias,
con severo rigor inconmovible,
ordenaron la hoguera o el exilio.

Del libro Llevarás en la piel.
Pintura: Georgy Kurasov.

Apetito

"Escribo álgebra emocional" (Anaís Nin)

 Anaís se desnuda en la cocina
y alista el mobiliario de la cena
(con empeño de amante disciplina
guarda muda y sostén en la alacena).
Cotidiana rutina
de quitarse su traje de sirena,
mientras bate la leche con la harina
y ordena lo que luego desordena.
Descorre la cortina
y una luna de cósmica melena
la sorprende febril y clandestina.
Casero corazón de niña buena,
en su boca felina
se duplican los besos por docena.

(Si la sal se derrama,
a espantar los conjuros en la cama)

Del libro Oceanario.

Adiós

Ella deja en la casa del poeta
una nota de grises desencantos
(se escribieron de amor, poemas tantos),
él sostiene en la mano una violeta.
Ella guarda la lluvia en la maleta
de otoñales quebrantos,
él desata la cinta de los llantos
y fuga tras la cola del cometa.
Ambos miran la tarde, distraídos,
ella, rota en olvidos,
se pierde torrencial por Buenos Aires,
él la mira partir, no dice nada,
la besa con la última mirada
y el adiós es un pájaro en el aire.


De libro Llevarás en la piel.
Dibujo: Eduardo Úrculo.

domingo, 19 de junio de 2016

Exilio

Nada tienen que ver en este cuento
adanes ni serpientes,
yo mordí la manzana con los dientes
por propia voluntad y entendimiento.
Más allá de la culpa y el tormento
de santos e inocentes,
ni Dios ni sus esbirros asistentes
decidirán por mí dicha o lamento.
Me nombro con mi voz y lo que digo
(sin ser verdad probada),
es todo lo que soy y Adán lo sabe.
Asumo mi castigo,
si tengo que marcharme desterrada
debajo del jarrón dejo la llave.

Del libro Llevarás en la piel.

Herencia

En ti me repetí, la misma arcilla
del timbre de tu voz, el gajo nuevo,
linaje de tu sangre donde abrevo
madero, viento y quilla;
Adán de tu benéfica costilla,
soy la huella viril de tu relevo
y en tu herencia dinástica conllevo
un impulso de luz que me acaudilla.
Porque dictas la ley del verbo mío,
afluente de tu río
y de tu orilla,
entraña desprendida de tu hueso,
en tu nombre regreso,
soy el árbol plural de tu semilla.

Del libro De diluvios y andenes.

viernes, 17 de junio de 2016

Jubileo

Al pulso de mi mano
adorno tu figura y te moldeo,
ritual de darte forma, jubileo
de un culto laberíntico y profano;
litúrgico y mundano
atizo el vendaval de tu deseo
y el río de la sed como un trofeo
de goce cotidiano.
Febril del corazón y a mi manera
tutelo el ardimiento de la hoguera
que te tiene cautiva,
evangelio de roja dictadura
que manda y que conjura
el hambre de tu piel en carne viva.

Del libro Oceanario.

jueves, 16 de junio de 2016

Clasificados

Busco mujer que firme por escrito
los besos que prometa dar mañana,
que escriba en el cristal de la ventana:
"Amor, te necesito".
Que quiera a voz en grito,
pacífica de besos y liviana,
tentando al Lucifer de la manzana
con lúdico apetito.
Que irrumpa en actitud de jubileo,
tenaz en el deseo
de ser mía,
y roja de pudor admonitorio
invente de la nada un purgatorio
de negra lencería.


Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Mi amada Sara Bishop.

martes, 14 de junio de 2016

JLB

"El camino es fatal, como la flecha,                                                              pero en las grietas, está Dios que acecha" (JLB)

Ginebra o Zurich (Suiza),
las ciudades posibles de mi muerte,
elección insondable de la suerte,
hollín, polvo, ceniza.
El tiempo es un temblor que inmoviliza
y en nada toda nada se convierte,
los sueños, sueños son, la vida inerte
por el hueco del alba se desliza.
Yo elegí para mí muerte extranjera,
un destino frugal y un cielo viejo,
más allá de mis ojos la ceguera
vislumbra el otro lado del espejo.
Morir o no morir, es indistinto,
nadie puede escapar del laberinto.


30 años sin Borges.

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Regis Texeira.

Contraseña (contrasueño)

"Siento que me deshabito para habitarte"

Una mujer se duerme lejos mío  
y en el sueño que sueña
del abismo del alma se despeña
y se arroja al vacío. 
Lo mismo que la estela de un navío, 
torrencial y pequeña, 
memoriza sin fe la contraseña
del secreto lenguaje del rocío.
En la verde llanura de su cama
espesa se derrama  
y en arcilla de barro se convierte.
Se desnuda ante mí (que estoy tan lejos) 
y rompe los espejos  
para cambiar el sino de su suerte.
 
Del libro Oceanario.

Lloverse en junio

En junio se deshoja, puntualmente,
con floral disciplina,
un otoño de lluvias la conmina
y le tizna el oasis de la frente.
Desnuda, como ausente
del verde que en octubre la germina
se sienta a diluviar en cada esquina
irremediablemente.
La rosa, compasiva, la consuela,
y el lirio, centinela,
pone un beso en su boca desangrada.
A veces yo la tomo de la mano
y le cuento un domingo de verano,
que dura casi nada.

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Malcolm Liepke.

lunes, 13 de junio de 2016

Mujer inmóvil

Apenas lo menciono te desnudas
con intimo portento,
y te brilla la piel, de tan obscena,
como un rojo carbón incandescente.
Con empeño de diestros ademanes
prendes fuego a tu ropa
y te ofreces a mí, mujer inmóvil,
en terca ceremonia de arrebato.
No niegas ni especulas
ni repites antiguas homilías
de una arenga difusa de palabras;
en ayuno de besos
transiges al furor de la tormenta
y te llueves de un modo interminable.

Del Libro Oceanario.
Fotografía: Theo Gosellín.

De diluvios y andenes

"Mírame siempre,
que en la lluvia me vuelvo
transparente"

De diluvios y andenes
emerge nuestro amor en la distancia,
procaz en el delirio de las pieles
y espeso de palabras.
Lo mismo que un conjuro que se yergue
en pétalos de savia,
expuesto al espiral de la corriente
y a líquidas andancias.
Premura de la sed sobre la boca
y el beso que resiste
ardido en una cópula de verdes;
con modales de tarde tormentosa
la lluvia nos elige
y somos como el agua, transparentes.

Del libro De diluvios y andenes.

domingo, 12 de junio de 2016

Mentiras piadosas (cuento meteorológico)

Estaban tan lejos.
Quince días antes se habían despedido y ahora la certeza de un mar inagotable ponía ante sus ojos un oscuro universo de distancia.
—Te escribiré cada día que llueva dijo él, aquel viernes de marzo luminoso, creyendo que la lluvia se pondría totalmente de su lado. (¿Acaso la lluvia desde siempre no conspira a favor de los amantes?)
Desde entonces bastaba que cayesen cuatro gotas para que, papel en mano, le escribiera de amores y tormentas.
De tal modo llovieron veintiséis domingos sucesivos y al imperio porfiado del mal tiempo el amor fue un aguacero de palabras.
Pero un día, igual a tantos otros, el suelo se pobló de flores nuevas y un conjuro de sol interminable le borró la sonrisa de los labios.
El vigésimo séptimo domingo no llovió, ni el otro, ni el otro, ni el siguiente.
Cada mañana (con puntual obediencia de tren suizo), buscaba en el umbral del horizonte un indicio de nubes cenicientas. No llovió más.

Enero terminó por derrotarlo.
Una tarde de sol resplandeciente el arribo tardío de una carta rompió su maleficio de tristeza; con apuro de amor desordenado hizo trizas el sobre amarillento.

Apenas el ardor de tres palabras arañaban el blanco de la hoja:

—¡¡¡Miénteme que llueve!!!


Publicado en la Revista Imaginaria / Marzo 2003.
Contado al aire en el programa de radio "A vos te cuento Buenos Aires", de Roque Vega.
Ilustración: Liniers / "Enriqueta viendo llover"