miércoles, 27 de julio de 2016

El benjamín del comisario

Soñaba un porvenir bibliotecario
con versos a la hora de la cena,
un hombre como tal en la colmena, 
Joaquín, el benjamín del comisario;
con libros por doquier y el arbitrario  
desfile de la pena, 
su perro, su domingo, su Jimena,
la charla de café en el vecindario,
su siesta de guardar, sus libros viejos,
su pipa, sus trebejos,  
su muerte individual y su obituario, 
el tedio mercantil de la rutina, 
soñaba con no ser y fue Sabina,
Joaquín, el benjamín del comisario.

Del libro De diluvios y andenes.

martes, 26 de julio de 2016

Amarra

La mano con que ciño tu cintura
parece un rosedal recién florido,
amarra de cristal, entretejido
de bella arquitectura.
Cordaje de celeste quemadura
que rige el mecanismo del latido,
herida de la flecha de Cupido
de roja empuñadura.
Lo mismo que un hilván incandescente
que enlaza beso y boca
con íntima dulzura de pendencia;
astilla de papel, cincel ardiente
que rasga lo que toca,
igual que un corazón en penitencia.

Del libro Oceanario.

lunes, 25 de julio de 2016

Como un cielo de plomo

Me duelen estas manos de no usarlas contigo,
esta espina furiosa a los besos clavada,
la lluvia interminable que tizna la mirada
de estos ojos que llevo con rencor enemigo;
me duelen estos labios de enconado castigo
que no llaman ni nombran el amor y la nada,
el álgido desvelo de luna destemplada
sin aliento ni abrigo.
Me duele cada cosa como un cielo de plomo
de cobarde tristeza que se rompe en pedazos,
la voz deshilvanada con que te nombro, como
si una rosa de espanto germinase en mis brazos,
y este otoño de nadie y el amor con que digo,
me duelen estas manos de no usarlas contigo.


Del libro Llevarás en la piel.

jueves, 7 de julio de 2016

Floración

Lleva puesto el amor como quien lleva
la piel del corazón o la camisa,
jugando al equilibrio en la cornisa
de la dicha más nueva.
Discípula volcánica de Eva,
se desnuda sin prisa,
con un beso en los labios improvisa
y con dos se subleva.
La saludan los dioses a su paso,
montada en el Pegaso
del asombro;
y yo que ya no creo en casi nada,  

rehén de su mirada,
me broto de jazmines si la nombro. ©


Del libro Llevarás en la piel.
Recitado en el Tortoni.