domingo, 29 de enero de 2017

Confianza ciega

Eva guarda un secreto 
que no sabe ni Dios y se comenta
que el peso del amor que la atormenta 
tiene un nombre de lágrimas concreto.
En andas de eludir divino reto 
simula ser la esposa más atenta,
a cuenta 
de cumplir con el libreto  
del próximo sermón de la montaña
y trágica de culpa se enmaraña,
de amores dividida.
El cándido de Adán, que nunca duda,
a besos la desnuda, 
creyendo ser el hombre de su vida. ©

Del libro De diluvios y andenes.

sábado, 28 de enero de 2017

Mujer-carabela

Poema encontrado en una botella, hacia finales del Siglo XI, en las costas australes del mar de la China.

Hechicera del mar, reina mía,
corazón de novela,
en tu boca de besos que pela
se consuma cualquier fantasía.
Yo, barquito de azul travesía,

a babor, viento y vela,
te designo mujer-carabela
de las islas del sur de Bahía.
Robinsona de luna al garete,
bergantín de juguete
con un alma de amor incompleta.
Por sortear el peñón y la ola
(tan herida y tan sola),
te mereces un novio poeta. ©

Del libro Oceanario.

Y llueve...

Eva cuenta los besos
que Adán nunca le dio y en tal porfía
desfallece de amor y lejanía
palpando la costilla de sus huesos.
Nostalgia de partidas y regresos,
de amar en castidad de soltería,
ausencia de sus manos, letanía
de sueños inconfesos.
Tan cerca del pecado (y tan lejana),
en plan de insomnio vano
anuda los hilvanes de su pena.
De pronto Lucifer y la manzana
y llueve y es verano
y ha llegado la hora de la cena. ©

Del libro Oceanario

jueves, 26 de enero de 2017

Sauvage

La tigresa y el tigre de Bengala,
resueltos y sencillos,
intercambian nupciales los anillos,
extraídos del plomo de una bala.
Ataviados los dos con piel de gala
y graves de zarpazos y colmillos
se muerden los tobillos
con apremios de prisa colegiala.
El la ronda, felino y avariento,
y la tigra del cuento,
obediente, lo sigue donde vaya.
Desabrocha su piel de gata sola,
eriza panza y cola
y se deja besar, raya por raya. ©


 Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Lennette Newel.

miércoles, 25 de enero de 2017

Deshacerse

"Adónde ir si estás en todas partes"

Se deshace, se rompe, se desangra,
se diluvia de besos y caricias,
se parte, se comparte, se acobarda,
se fuga de si misma,
se quiebra, se apenumbra, se desarma,
se rasga, se deshila,
se nubla de tristeza, se anostalgia,
se vuelve un aguacero de ceniza,
se otoña, se enmarasma,
se culpa, se disculpa, se conmina,
se baja de mis manos, se desalma,
se vierte, se llovizna
y se queda sin voz como una niña
que no sabe decir una palabra.

Del libro Llevarás en la piel.

martes, 24 de enero de 2017

"Atravesar el África llorando"

50 años sin Oliverio

Llorar desde la cima del espanto,
con lágrimas de cieno,
como un río caudal de llanto lleno,
de rabia, de dolor, llorar por tanto,
en sirio, en libanés, en esperanto,
llorar sin freno,
con espeso relente de veneno,
transida la ternura de quebranto,
de pie frente al abismo,
por odio, por amor, por egoísmo,
sin saber desde donde y hasta cuando.
Oscuro magisterio,
llorar, llorar sin fin, como Oliverio,
"atravesar el África llorando".

Del libro Llevarás en la piel.
Poema publicado en la Revista Literaria "Signos".
Caricatura: Emilio Centurión / 1924.

lunes, 23 de enero de 2017

Canibalismo

Con la yema de mis dedos te redimo
(argumento de litúrgico mandato),
como un gato
con las uñas en racimo.
Con el filo de la lengua te desato,
espesado manantial de lluvia y limo
con que intimo
te desnudes sin recato.
Con mis manos hago un nudo en tu cintura,
arabesco de conjura
en un rojo redondel de fatalismo;
boca y beso con que libo tu inocencia,
apetencia
de tribal canibalismo.

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Santiago Carbonell.

viernes, 20 de enero de 2017

Clasificados

"Que a yuyo del suburbio su voz perfume...  (HM)

Eximio bailarín arrabalero,
fetén de parlería,
busca nami que bata la poesía
lironda y musical de Baldomero.
Que teja madreselvas en damero
por enlazar su casa con la mía
y en el orre gotán de cada día
me bese con acordes de aguacero.
Que lleve en el ojal de la cintura
un celo de conjura
y un terco mandamiento de coraje.
Paloma en el trajín de un sueño vano,
tomada de mi mano,
pa´que bronque la grey del malevaje.


Del libro De Lunfa somos.
Ilustración: Carlos Killian.

miércoles, 18 de enero de 2017

Rosa morena

Escribí este soneto cuando ocurrió el desgarrador episodio de Ceuta y Melilla, (septiembre de 2005); en aquella oportunidad Médicos sin fronteras anunció haber localizado en el desierto de Marruecos a más de 500 inmigrantes subsaharianos, librados a su suerte. (Recuerdo que pensé cuántas niñas morirían al final del día).

Una niña de físico moreno
bajo el sol se calcina,
más delgada que el filo de una espina
por un negro crepúsculo de cieno.
Errante en un desierto de veneno,
derrotada camina,
con un peso de llanto en la retina
y el estigma carnal de un dios obsceno.
Sin un trozo de pan para la cena
el hambre la condena
con modales de culpa pavorosa.
Inocente rehén sobre la arena,
aterida sirena,
sentenciada al exilio de la rosa.

Del libro llevarás en la piel.
Fotografía: A. Asael y S. Rabemiafara.

lunes, 16 de enero de 2017

Clasificados

Busco mujer que juegue a la rayuela
(desde el umbral al cielo),
y del coto nocturno de su pelo
me nombre sigiloso centinela,
que gire del amor la manivela
de rodar panza arriba por el suelo
y ejecute desnuda el violonchelo
con arte de alta escuela;
que abandone el pudor improcedente
y que cuente
hasta diez cuando mi mano
decida atravesar ciertos umbrales,
inocente de besos y rituales,
lo mismo que una lluvia de verano. ©

Del libro Oceanario.
Pintura: Andrius Kovelinas.

domingo, 15 de enero de 2017

Con C (de Carlos)

Con C de corazón cuenta conmigo,
de clara compañía,                                                     
de cielo a contraluz, de cercanía,
del cuenco de cerezas de tu ombligo,
de cisne, de ceniza, de castigo,
de cuento, de canción, de cofradía,
de celda, de carmín, de cortesía,
de ciego de temor, pero contigo,
de cómplice carnal, de centinela
de cáliz, de canela,
del cuadro horizontal del crucigrama,
de clítoris, de culpa, de conjura,
de coto de clausura,
de cabes en el centro de mi cama.

Del libro Llevarás en la piel.
Fotografía:Casellas boy.

sábado, 14 de enero de 2017

Ella duerme sola

Parece lluvia
ese llanto que llevas
en la mirada.


Colecciona, tenaz, besos de llanto,
cada cual con su vértice y su aurora,
un augurio de pena la devora
y el amor, otro tanto.
Exorciza la llaga del espanto,
lunar y redentora,
Cenicienta de lágrimas que llora
con oscuros rituales de quebranto.

Eterna soledad que te atraviesa,
promesa
de querer desde el asombro;
inerme corazón de lejanía,
antigua mujer mía
que rompes a llover cuando te nombro. ©


Del Libro Llevarás en la piel.

Casi cuento naval

Era un cielo “Gauguin” celeste claro
tiñendo el escenario de la arena
y en el medio del mar una ballena
más redonda que un aro.
Yo buscaba en las olas el amparo
de la boca más buena
y encontré en el azul una sirena
con los ojos color de un verde raro.
Fue después el amor y la conjura
de ceñir su cintura
con antiguos modales de ardimiento,
y atracar en el puerto de su ombligo
con la misma pasión con que lo digo.
Pero ese es otro cuento. ©


Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Sergey Ishmaev.

viernes, 13 de enero de 2017

Espejismo

Una mujer en lluvia derramada,
con amante desgano,
se tumba en el solsticio de mi mano
lo mismo que una flor abandonada.
Desnuda y ofrendada,
con obscena virtud de amor profano,
estalla como un lirio de verano
que surge de la nada.
¿Será que lo soñé o ha sido incierto
este idilio de haberla descubierto
de pie frente al abismo?
No hay ninguna señal que la recuerde
y el mar de espiga verde
acaso sólo fuera un espejismo.

Del libro Oceanario.
Imagen: Katherine Jane Wood.

La Pena

Viene de ti la pena que me habita,
tiene tu voz y con tu voz me llama,
desclava las molduras de la cama
y andrajosa de amor llega a la cita.
Con arrestos de lágrima infinita
se trepa a lo más alto de la rama
y en diluvio de llanto se proclama   
amén de ley escrita.
Se jacta con tesón de ser La Pena,
oprobio de gangrena
erguida en el soporte de su pie,
custodia el devenir de los olvidos,
se pone tus vestidos
y reza con tu misma poca fe.

Del libro Oceanario.

La roja sed

Emerges de la sed y en sed te abruma
este imperio de sed en carne viva,
continente de un río de saliva
de nácar y de espuma.
La sed, la roja sed, la sed que suma
su presagio de sed imperativa,
lasciva
sed de mi que en sed perfuma.
Protocolo secreto del  bautismo,
abismo
de la sed que te atormenta.
Soy parte de la sed con que regreso
y el beso
que te tiene tan sedienta.


Del libro Llevarás en la piel.

miércoles, 11 de enero de 2017

Génesis

—Haya luz, dijo Dios (y espanto y cielo),
y una noche al final de cada día,
ejercicio de urdir la geografía
de un mundo paralelo.
Tras continuos ensayos de desvelo,
por darse milagrosa compañía,
al mando de su voz y su porfía
Adán y su mujer cobraron vuelo.
Siguieron ciertas normas de obediencia,
de ley, de penitencia,
de permiso.
Terminada que fue la azul semana
sobrevino el albur de la manzana
y Adán lo desterró del Paraíso. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Georgy Kurasov.

martes, 10 de enero de 2017

Las hermanas Carmín

Las hermanas Carmín, cabareteras,
exultantes de senos,
prodigan los placeres más obscenos
con gestos de volcánicas maneras.
Al vuelo de sus rubias cabelleras
y los muslos morenos
exhiben vaginales desenfrenos
en noches de lujuria con ojeras.
Hacen falta nutridas billeteras
y bolsillos bien llenos
para libar la miel de sus caderas.
¡Relámpagos y truenos!
Debajo del trajín de sus polleras,
pecaron los infames (y los buenos).

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Leslie Ditto.

lunes, 9 de enero de 2017

Ofrenda

Ya cansado de ver el mismo cielo   
(ese espacio fingido de la nada),
con fuerza inusitada
Dios arroja su vara contra el suelo.
Tenaz en su desvelo,
al alba de la incierta madrugada
brotó del manatial de su mirada
un retoño gemelo.
El novato animal frente al abismo  
del tiempo y su constante,  
avanza, retrocede, trastabilla;   
se para ante el espejo de si mismo,
bendice ser Adán y en ese instante  
se arranca por amor una costilla. ©

Del libro Oceanario.
Imagen: Vitaly Vasily.

Ahora

La vida es esta vida que no vuelve
y que dejas pasar sin pena alguna
suponiendo tal vez que habrá otra hora
para quebrar el muro del silencio.
El tiempo es un albur y no hay mañana
que alivie el porvenir de tu tristeza,
si callas será tarde para todo
y hay cosas que no tienen salvamento.
Ni presagios de amor ni vaticinios,
ni llanto ni conjuros
que valgan el azar de un imposible.
Sólo cuenta la vida que hoy declaras,
el pulso con que lates.
No esperes otro tiempo más que éste.

Del libro de poemas Oceanario.
Fotografía: Andreas Heumann.

Ciertas cuestiones

Contigo en la cocina,
dudando si cenar o desnudarnos,
una esquirla del alba nos embiste
y seguimos los dos en desacuerdo.
—Que decidan las cartas, le propongo,
confiando en la fortuna de mi suerte,
pero ella se niega al fatalismo
de dejar al azar ciertas cuestiones.
Con modales de amor pone la mesa,
los platos de Limoges, el candelero
y el ajuar de cubiertos que heredamos.
Se quita los zapatos y el vestido,
corta el pan y los besos,

y cenamos desnudos. (Como siempre).

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Nicoletta.

domingo, 8 de enero de 2017

Fatalismo

Al pie del árbol
Dios dejó una manzana.
Arteramente.

Eva ronda el manzano          

y duda entre la culpa y el castigo,
redondo como el hueco de su ombligo
el fruto está al alcance de su mano.
No hay nada más cercano
y Adán es un apático testigo.
—Atrévete a probar, muerde conmigo,
la vida es un peligro cotidiano.
Dios presencia la escena
porfiado en el trajín de la faena
de armar un universo de la nada.
Fatalismo de ayuno penitente,
Eva carga en la frente
el sino de la roja dentellada.

Del libro Oceanario.

sábado, 7 de enero de 2017

Hoguera y lumbre

La desnudé con cierta cobardía
(no siempre la pasión es temeraria)
y huérfana de abrigo y necesaria,
como una flor tardía,
se deshojó en mis manos, geografía
de espiga  alimentaria,
carnal y hospitalaria
bajo la luz pacífica del día.
Y fuimos el amor de tantos modos,
en todos
los espacios concebidos.
Ardiente corazón, hoguera y lumbre
de roja certidumbre,
igual que dos metales encendidos.

Del libro De diluvios y andenes.