jueves, 14 de febrero de 2019

Happy Valentine

"Así pasaron los momentos pocos,
así pasaba la felicidad" (S. Rodríguez)

Ella suele dormir acurrucada
sobre el costado izquierdo, previamente
se quita las heridas de la frente
y retira el dolor de su mirada.
Él le muerde los labios como nada,
con un gesto de prisa adolescente,
la ciñe entre su brazos, dulcemente,
a fuerza de porfía delicada.
La roza con los pies y las rodillas,

le cuenta de pasadas maravillas
y le miente promesas al oído.
Ella cierra su boca con un beso,
se pone por debajo de su peso,
y piensa, sin querer, en su marido. ©


Del libro De diluvios y andenes.

Recitado en la APL y en el Manzi.

jueves, 7 de febrero de 2019

Conesa (Cuento musical)

Se conocieron por los ochenta, en el trabajo, de un modo casual y cotidiano. Eran ciertamente jóvenes en el país de los años oscuros. Él tardó dos días en enamorarse, ella, muchísimos más.

Por aquellos tiempos, la guerra de Malvinas, trajo consigo (entre tanto dolor y desconsuelo), el resurgimiento del rock nacional y volvieron a sonar en las radios aquellos primeros grupos de su pasada adolescencia.  

Los dos eran fans de “Pedro y Pablo”, un dúo de veinteañeros que habían editado su primer disco, "Conesa", y que en sus inicios cantaban canciones de protesta (casi todas, menos una, “Catalina”, aquella de “labio contra labio contra labio y la península mía / beso contra beso contra beso en tu bahía”). 

Empezaron a salir y a verse a escondidas, porque (olvidé contarles), ella portaba un futuro marido.  

Una noche de septiembre fueron a escucharlos cantar a un barcito que se llamaba la Trastienda, frente a Plaza Serrano, cuando Plaza Serrano era solamente un barcito llamado la Trastienda.  

De cierre cantaron “Catalina” (“labio contra labio contra labio y la península mía / beso contra beso contra beso en tu bahía”).  

Al tiempo ella se casó con el novio susodicho "y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. Llegaron los hijos, se fueron los días y dejaron de hablarse a pesar de seguir trabajando uno frente al otro en el mismo lugar de siempre. 

Pasaron así siete años. Una mañana, de la manera más imprevista, él encontró en el cajón de su escritorio un papelito prolijamente doblado en cuatro, que decía: “No falta nada para las vacaciones, te voy a extrañar”. 

El mundo se detuvo un instante y echado nuevamente a andar, retomaron el tiempo del beso y el abrazo, como si la vida hubiera puesto entre paréntesis aquellos años que se habían disuelto en la tiniebla. 

Pero siempre la culpa es más fuerte que el amor y la espina del remordimiento no deja nunca de seguir sangrando.  

Rompieron. Dejaron de verse. Al tiempo, por amigos comunes, él supo que ella había tenido una nueva hija. La llamó Catalina.
La del beso contra beso contra beso... ©

Del blog Apenas Penas
Tapa del disco Conesa.
Contado en el Café Montserrat.

domingo, 3 de febrero de 2019

Viento


"Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas". Antonio Porchia

Si te sirve negarme, lo consiento,
no soy y nunca he sido
ni sangre, ni portento, ni alarido,
ni culpa, ni alimento,
ni rabia, ni porfía, ni tormento,
ni fruto, ni latido,
ni vigilia de besos, ni gemido,
ni llanto, ni escarmiento,
ni lágrima de sal, ni juramento,
ni fiebre, ni estampido
ni cartas de papel amarillento,
ni espanto de rencor despavorido,
ni pésame, ni olvido...

Sólo viento. ©

Del libro De diluvios y andenes.

Fotografía: Carter Flinn.
Recitado en el Tortoni y en la APL.