sábado, 27 de agosto de 2016

Palabras viejas

La defraudan de amor con frases bellas
de oronda arquitectura,
argucia de guardar con cerradura
el mar en las botellas.
Utopías de rayos y centellas
de apagado fulgor, literatura,
vigilia de un hastío que conjura
el pálido carmín de las estrellas.
Y tú, lejos de mí, te desencantas
de las penas que tercas y que tantas
no dejan de doler.
Marchita de escuchar palabras viejas
que te cercan de abismos y de rejas,
como quien oye llover. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Ana Morosini
Recitado en el Manzi y en el Montserrat.

domingo, 21 de agosto de 2016

Lloverse

Anaís desabrocha su vestido,
un botón, otro más, otro y desnuda,
sin vergüenza ni duda
se entrega al vendaval de su latido.
Piadosa ceremonia del gemido
que la ciñe y la escuda,
espina vertical de pena aguda
que atraviesa su vientre florecido.
Deleite de entrecasa,
vigilia, cuaresmario, viento, brasa,
diluvio que no cesa;
allí donde mi mano la consiente,
tan hondo, que hondamente
estalla en un temblor de lluvia espesa.

Del libro Oceanario.

viernes, 19 de agosto de 2016

Ana

Para Ana Belén (que nunca lo sabrá)

Soné que Ana Belén se deshacía
en ovillos de sal sobre la arena
y el mar en son de pena
deshilaba las olas que traía.
Espejismo del agua, rebeldía
de indócil cuarentena
y un destello naval de luna llena
entintando de luces la bahía.
Todo el mundo puntual pide por Ana,
el coro submarino de los peces
y el sol del mediodía.
Pero pasa de largo la semana,
las horas y los meses,
y no he vuelto a soñarla todavía.


(Tal vez mañana).

sábado, 13 de agosto de 2016

Cristal

Se deshacía en mis manos
con notarial fatalismo,

escombros de un beso magro
sobre mis labios heridos;
terca llovizna de marzo,
ángel de oscuro delirio,
en la vigilia del llanto
y en el rumor del olvido.
Se deshacía en mis manos,
humo, cristal, espejismo,
como la estela de un barco.
Nada retuve conmigo.

Del libro De diluvios y andenes.

jueves, 11 de agosto de 2016

Amor-niño

El amor es un niño adolescente
(de indócil rebeldía),
que lleva en el estío de la frente
la azul cartografía
de un estigma de luz incandescente
con natural empeño de porfía
y una luna de sal en el poniente
lo ciega con un golpe de agonía.
Avaro de sus cosas,
tutela el optimismo de las rosas
con aire de arrogante altanería.
Ángel hostil que va de casa en casa,
tizón de oscura brasa,
que pasa sin razón del alma mía.


Del libro Llevarás en la piel.
Dibujo: A Kawasaki.