miércoles, 17 de abril de 2019

Hechizo

Hacen falta dos velas y un caldero
donde fraguar la génesis del alba,
una brizna del negro de tu pelo
y el vaivén de tu enagua;
un gajo de jazmín y el devaneo
fatal de tus pestañas,
un rosario de cuentas de romero,
y un terco testimonio de nostalgia.
Mezclar con esmerado sentimiento,
volverlo viento y agua
hasta espesar el líquido del cuenco.
Que queme de la boca a la garganta,
con astillas de fuego,
en estado litúrgico de gracia. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en Radio UAI y en el café Tortoni.

sábado, 13 de abril de 2019

Vértice

Puedo vivir en el lugar exacto
donde toda la sed se desvanece,
vértice austral del último milagro
del ardor y la fiebre.
Igual que un atolón de jade blanco,
trepar el interior de sus paredes,
con un rojo trajín de besos laicos
de castidad celeste.
Allí donde el estío de tus ingles,
con púdica delicia,
anega los umbrales del abismo.

Peñón sacramental de tierra firme
donde las manos mías
se untan con estela de rocío. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Café Montserrat y en Radio UAI.

domingo, 31 de marzo de 2019

Antes del amanecer

¿Puede el amor más grande de tu vida durar sólo una noche?

Un abismo de brumas cerca Viena
y la lluvia que tizna los andenes,
inventario de olvidos y de bienes,
exorcismo de lágrimas de arena.
El adiós es un llanto en cuarentena,
con toma de rehenes,
sólo queda el desfile de los trenes
y el rojo laberinto de la pena.
Con rigores de terca disciplina
el tiempo los conmina
y el juego del amor se desvanece.
Presagio de un final y el desconsuelo
de ver romperse el cielo...
Y es Viena y es otoño. Y amanece. ©

De libro De diluvios y andenes.
Recitado en el Café Montserrat.
Fotograma de la peli.

viernes, 22 de marzo de 2019

De agua

Esta noche quiero ser de agua,
que tu seas de agua” (Alejandra Pizarnik)

Cuando en agua te vuelvas
yo quiero ser un cántaro de barro
y náufrago de sed sobre la tierra
mojarme en la saliva de tus labios.
Acuático del verde de la selva
y blando del rocío de los astros,
cuando en agua te vuelvas
yo quiero ser un cántaro de barro.
Si en agua te conviertes
yo quiero ser el cuenco donde bebas
la miel de los acuarios.
Alquimia de diluvios y torrentes,
cuando en agua te vuelvas
yo quiero ser un cántaro de barro. ©

Del libro De diluvios y andenes.

Recitado en radio UAI, en homenaje a Alejandra Pizarnik.

miércoles, 13 de marzo de 2019

Una mujer

"Tú eres el aire"  (m)

Una mujer desnuda y con sombrero
se escurre por la palma de mi mano,
llovizna interminable de verano.
(No sé porqué te quiero).
Estuario de la sed, abrevadero  
de llanto cotidiano,
el viento de su beso más liviano
desata un escarmiento de aguacero.
Antiguo corazón de aguamarina,
espina
en la garganta de mi pena.
Ondina nocturnal, virgen romana,
discípula profana,
tan última, tan mía, tan ajena. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Recitado en el Café Homero Manzi y en la APL

martes, 5 de marzo de 2019

Inicio

No te desnudes,
me basta con tus pies
a la intemperie.

Eres desde el inicio de ti misma
un junco interminable de belleza,
espiga laboriosa de amatista
librada al vendaval de la tormenta.
Tenaz faro de luz, paloma encinta
de lirios y de almendras,
deseando que mi boca te desvista
en términos litúrgicos de ofrenda.
Desnuda y vertical hueles a nardos
de pétalos silvestres
en la tarde poblada de silencio.
Sujeta al fatalismo de mis labios,
oceánica y celeste,
rozando el esplendor de lo perfecto. ©


Del libro Llevarás en la piel.

Recitado en el Montserrat y Radio UAI.

domingo, 3 de marzo de 2019

Gorrión

Gorrión en soledad, ave morena
que anidas en el hueco de mi mano.

¿Qué viento cotidiano,
despeina el universo de tu pena?
Alado corazón, niña sirena,
diluvio pasajero de verano,
liviano 

sortilegio de azucena.
El cielo se desarma de sencillo
y la luna de pan hecha un ovillo
abriga la vigilia de tu vuelo.
Al paso de tus alas peregrinas
te quito las espinas
y el aire es una forma del consuelo. ©


Del libro Oceanario.
Recitado en el Tortoni y el Manzi.

jueves, 14 de febrero de 2019

Happy Valentine

"Así pasaron los momentos pocos,
así pasaba la felicidad" (S. Rodríguez)

Ella suele dormir acurrucada
sobre el costado izquierdo, previamente
se quita las heridas de la frente
y retira el dolor de su mirada.
Él le muerde los labios como nada,
con un gesto de prisa adolescente,
la ciñe entre su brazos, dulcemente,
a fuerza de porfía delicada.
La roza con los pies y las rodillas,

le cuenta de pasadas maravillas
y le miente promesas al oído.
Ella cierra su boca con un beso,
se pone por debajo de su peso,
y piensa, sin querer, en su marido. ©


Del libro De diluvios y andenes.

Recitado en la APL y en el Manzi.

jueves, 7 de febrero de 2019

Conesa (Cuento musical)

Se conocieron por los ochenta, en el trabajo, de un modo casual y cotidiano. Eran ciertamente jóvenes en el país de los años oscuros. Él tardó dos días en enamorarse, ella, muchísimos más.

Por aquellos tiempos, la guerra de Malvinas, trajo consigo (entre tanto dolor y desconsuelo), el resurgimiento del rock nacional y volvieron a sonar en las radios aquellos primeros grupos de su pasada adolescencia.  

Los dos eran fans de “Pedro y Pablo”, un dúo de veinteañeros que habían editado su primer disco, "Conesa", y que en sus inicios cantaban canciones de protesta (casi todas, menos una, “Catalina”, aquella de “labio contra labio contra labio y la península mía / beso contra beso contra beso en tu bahía”). 

Empezaron a salir y a verse a escondidas, porque (olvidé contarles), ella portaba un futuro marido.  

Una noche de septiembre fueron a escucharlos cantar a un barcito que se llamaba la Trastienda, frente a Plaza Serrano, cuando Plaza Serrano era solamente un barcito llamado la Trastienda.  

De cierre cantaron “Catalina” (“labio contra labio contra labio y la península mía / beso contra beso contra beso en tu bahía”).  

Al tiempo ella se casó con el novio susodicho "y la vida siguió, como siguen las cosas que no tienen mucho sentido”. Llegaron los hijos, se fueron los días y dejaron de hablarse a pesar de seguir trabajando uno frente al otro en el mismo lugar de siempre. 

Pasaron así siete años. Una mañana, de la manera más imprevista, él encontró en el cajón de su escritorio un papelito prolijamente doblado en cuatro, que decía: “No falta nada para las vacaciones, te voy a extrañar”. 

El mundo se detuvo un instante y echado nuevamente a andar, retomaron el tiempo del beso y el abrazo, como si la vida hubiera puesto entre paréntesis aquellos años que se habían disuelto en la tiniebla. 

Pero siempre la culpa es más fuerte que el amor y la espina del remordimiento no deja nunca de seguir sangrando.  

Rompieron. Dejaron de verse. Al tiempo, por amigos comunes, él supo que ella había tenido una nueva hija. La llamó Catalina.
La del beso contra beso contra beso... ©

Del blog Apenas Penas
Tapa del disco Conesa.
Contado en el Café Montserrat.

domingo, 3 de febrero de 2019

Viento


"Tú crees que me matas. Yo creo que te suicidas". Antonio Porchia

Si te sirve negarme, lo consiento,
no soy y nunca he sido
ni sangre, ni portento, ni alarido,
ni culpa, ni alimento,
ni rabia, ni porfía, ni tormento,
ni fruto, ni latido,
ni vigilia de besos, ni gemido,
ni llanto, ni escarmiento,
ni lágrima de sal, ni juramento,
ni fiebre, ni estampido
ni cartas de papel amarillento,
ni espanto de rencor despavorido,
ni pésame, ni olvido...

Sólo viento. ©

Del libro De diluvios y andenes.

Fotografía: Carter Flinn.
Recitado en el Tortoni y en la APL.

lunes, 28 de enero de 2019

La coleccionista

Colecciona con férrea disciplina
arlequines de rubia cabellera,
agujas de relojes de pulsera
y lunes de oficina,
manuales de recetas de cocina,
hilvanes de satén, besos de hoguera,
ojales con botones de madera
antiguos talismanes de la China,
aviones de papel y marcos viejos,
hollejos
desasidos de las frutas,
confesiones de amor en los espejos,
astillas y trebejos
y diluvios de gotas diminutas.

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Sarah Bishop

Recitado en el Tortoni, en la APL y en el café Montserrat

miércoles, 9 de enero de 2019

La bella durmiente

Andaba por el filo de las sombras,
con la sonrisa quieta,
urdiendo con hilvanes la redonda
matriz crepuscular de la madeja.
Íntimamente sola,
tan lejos de mis labios (y tan cerca),
herida por el paso de las horas
que sangra con rituales de tristeza.
Oscura y silenciosa,
como duerme la mar sobre las piedras
de indefinidas formas.
Viajero de la luz, brasa pequeña,
yo la besé en la boca.
Pero nada del mundo la despierta. ©

Del libro Oceanario
Pintura: Nicoletta Tomas Caravia
Recitado en el Montserrat y radio UAI

domingo, 23 de diciembre de 2018

Páramo

Con livianos modales de ternura
y los ojos azules de tan verdes,
me toma de la mano y me pregunta:
¿Volverás a quererme?
Cómo decir que nunca nadie nunca
nos querrá para siempre,
que el amor tiene el tono de la lluvia
entre gris diluvial y gris ausente.
Que sabe a soledad, a rosa mustia,
a páramo de fiebre,
a lágrima de sal en la penumbra.
Mientras ella, de largas timideces,
no cesa en su discurso de liturgia.
—¿Volverás a quererme? ©

Del libro de poemas Oceanario.
Recitado en el Café Montserrat.

viernes, 21 de diciembre de 2018

Eterna fila india del espanto

Se deslumbra con hombres olvidables
que avinagran el júbilo del gozo,
embusteros de citas estridentes
y versos de entrecasa.
Bufones de arrogancia sudorosa
que lucran con metáforas de humo,
oscuros moradores del infierno
con cardos en las manos escribientes.
Eterna fila india del espanto,
poetas de las miajas
que siembran por el mar lodo y ceniza.
En tanto el jardinero de sus sueños,
ajeno al devenir de estas cuestiones
tutela el universo de la rosa. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Lilya Corneli.

jueves, 20 de diciembre de 2018

Soneto de juguete

"Todavía quedan islas con playas color azafrán"  JS.

Si me pierdo tras las lunas de aserrín
y me buscan los maderos de San Juan
avisadles que me he ido con Joaquín
caminito de las islas de azafrán.
Con agudo vozarrón de capitán,
mocasines de gamuza y el bombín, 

en tu boca de papel de celofán
dejo besos que te quiten el carmín.
Al embate de las olas de alquitrán
boga al viento mi seguro bergantín
con tu rojo corazón por talismán.
Melodrama de tus labios. Folletín.
No me dejes de plantón en el zaguán
traduciendo mis sonetos al latín. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Homero Manzi..