Moustache
y ella gime de rabia como un gato
de sangre testaruda.
El domador y la mujer barbuda
deponen a la par su celibato,
cada beso en la boca es un conato
de guerra sorda y muda.
Él, que sabe tocar donde se debe,
con manos de aguanieve
resbala por el pozo de su escote,
y la dama del vello en espesura,
perversa de ternura,
le pide que la bese en el bigote. ©
Del libro De diluvios y andenes.
Recitado en el Tortoni y en radio UAI.
















