Ella traía
Ella traía
alcanfor de alegría
a manos llenas,
su negro pelo
era un pozo de cielo
de hierbabuena.
Jazmín liviano,
un ardor de verano
la consumía,
lágrima y ruego,
como un lazo de fuego
que la ceñía.
Tras de sus ojos
un enjambre de enojos
se deshacía;
agua de rosas
en la boca jugosa,
ella traía.
Bajo su espalda
una flor esmeralda,
de oscuro sino,
trenzaba estrellas,
desandando las huellas
de mi destino.
Eran sus senos
el infierno sereno
del penitente,
muslos de hoguera,
aguijón de la espera,
pubis urgente.
En la cintura
una fruta madura,
miel y ambrosía,
limón moreno,
de aguamiel y veneno,
ella traía.
Del libro Llevarás en la piel.













