Paloma encinta
alcanza con tus pies
a la intemperie.
Eres desde el inicio de ti misma
un junco interminable de belleza,
espiga de marfil y de amatista
al pie de la tormenta;
arrullo de cristal, paloma encinta
de nísperos maduros y de almendras,
deseando que mi boca te desvista
de toda vestimenta.
Desnuda y vertical hueles a nardos
de pétalos silvestres
que danzan al capricho de los vientos.
Sujeta al fatalismo de mis labios,
oceánica y celeste,
rozando el esplendor de lo perfecto. ©
Del libro Llevarás en la piel.
Recitado en el Montserrat y Radio UAI.
















