miércoles, 31 de julio de 2013

Ceremonia lunfa


sábado, 27 de julio de 2013

Apariencias




















De mañana, formal en la oficina,
sin pizca de rubor ni maquillaje,
llevando con estricta disciplina
los gestos y la máscara del traje;
el tedio de las horas, la rutina
de ponerse en la piel del personaje
y el filo cotidiano de la espina,
que se lleva lo mismo que un vendaje;
ajuares de un brevísimo equipaje
que oculta una galaxia clandestina
de sedas transparentes y de encaje;
la noche tumultuaria la adivina,
orgásmica de besos y salvaje,
jugando a ser la gata de la esquina.

Del libro De diluvios y andenes.

jueves, 25 de julio de 2013

Gacetilla de prensa


domingo, 21 de julio de 2013

Negro























Roberto Fontanarrosa

Inodoro, la Eulogia y el Mendieta,
"que lo parió", con el dolor más triste,
se preguntan los tres por qué te fuiste,
cerrando el ventanal de la historieta;
mientras Boggie desarma la escopeta
y apaga el cigarrillo que le diste,
la nube de crayón en que te fuiste
enluta los rincones del planeta.
A punta luminosa de grafito
fugaste sin querer al infinito,
en busca de un confín domiciliario,
bucanero de tinta al abordaje,
que el cielo que te guarde en hospedaje,
tenga al menos la forma de Rosario.

Del libro De diluvios y andenes.

viernes, 19 de julio de 2013

De destierros y soledades






















Fernando Botero

Después de su destierro involuntario,
Eva boga al garete,
Dios se ha vuelto de pronto un adversario
aburrido de Adán y su juguete.
Nadie quiso salir de intermediario
ni torcer la sanción del Gran Bonete
que esgrimiendo su rol de propietario
los echó del Edén y del banquete.
En medio de la mar los fugitivos
se ufanan de estar vivos,
subidos al umbral de la mañana;
—La culpa fue de Dios, mala fortuna,
no robamos ni el cielo ni la luna,
apenas si comimos la manzana.

—Será si así lo quiso.
¡Qué grande va a quedarle el Paraíso!

Del libro Oceanario

jueves, 11 de julio de 2013

Final























"Pichuco" x Pablo Carrasco

El último luthier de bandoneones,
con ojeras de otoño,
repite los compases monocordes
de un tango sin escalas ni retorno;
es tiempo de partir, ¿quién sabe dónde?,
cansado de llevar sobre los hombros
el peso desmedido de la noche,
igual que un llanto sordo.
En el pulso rugoso de sus dedos,
con diluvial tristeza,
se astilla la milonga del recuerdo...
La muerte es un estuario sin estrellas,
y tal vez haya un cielo
de nubes ordenadas como teclas.

Del Libro Oceanario.