lunes, 13 de agosto de 2018

Seis vidas

Fuiste el último infante mohicano,
Robin Hood de mil causas perdidas,
sanador de ancestrales heridas
y "primer polizón" rumbo a Urano.
Ante todo mi amigo y mi hermano,
colector de manzanas prohibidas,
fogonero de estrellas ardidas,
gentilhombre de amor cortesano.
Cirujano de manos floridas,
hacedor del verano
y de lluvias de gotas crecidas,
monje zen tibetano,
gato en sombras, etéreo y liviano.
Te faltaron al menos seis vidas. ©

Carlos Casellas para Eduardo Casellas.
(o cinco o dos, pero nunca en esta que te fuiste)

viernes, 10 de agosto de 2018

Oceanario

"Mi piel nunca será la misma después de tus huellas"

Amé tu desnudez de carne blanca
con hambre de desvelos atrasados,
el llano mapamundi de tu espalda,
la cumbre de tus labios.
El íntimo jardín donde la escarcha
se vuelve un oceanario
de peces lujuriosos y de algas
que crecen como espigas a lo alto.
Tus muslos de papel y el trigo verde
de tus besos piadosos,
edénicos de miel y pan silvestre.
La roja cicatriz del gajo rojo,
el ánfora del gozo
y el fruto macerado de tu vientre. ©

Del libro Oceanario.
Fotografía: Juliet Kate.
Recitado en el Café Monserrat y en la UNA.

miércoles, 8 de agosto de 2018

Canibalismo

Tan solo escribo
por rondar la galaxia
que tu navegas  ©

Con la yema de mis dedos te redimo,
argumento de litúrgico mandato,
como un gato
con las uñas en racimo.

Con el filo de la lengua te desato,
espesado manantial de lluvia y limo
con que intimo
te desnudes sin recato.
Con mis manos hago un nudo en tu cintura,
rito negro de conjura
en desorden varonil de fatalismo.
Boca y beso con que libo tu inocencia,
apetencia
de tribal canibalismo. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Fotografía: Kate Juliet
Recitado en el Café Montserrat.

sábado, 4 de agosto de 2018

Amores miopes

"Su ojo ciclópeo se detiene en una sirena varada. Ella, cómplice, le cierra su único párpado con un beso de sal. ("Faro" - Sandra MontelMare)

El cíclope del mar mira a lo lejos,
con su ojo de astillas y de pena,
el lánguido perfil de una sirena
más allá de oxidados catalejos.
Una bruma de pálidos reflejos
le ciñe el corazón y en tal escena,
ella, casta y ajena,
emigra en un tumulto de vencejos.
Nada queda por ver, ni sal ni arena
ni nudo de intrincados aparejos
ni luz de luna llena.
Hay un coro naval en los cortejos
de amor en cuarentena
que hasta duele mirarse en los espejos. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Café Montserrat y en la Biblioteca Nacional.