miércoles, 20 de septiembre de 2017

Clasificados

Busco mujer que teja maravillas
en el otro costado de mi cama
y resuelva conmigo el crucigrama
de las cosas sencillas;
que se vista de sedas y puntillas
ciertas noches de escándalo y de llama
y levante conmigo la proclama
de tomar por asalto cien Bastillas.
Ardiente de la boca,
que me prenda de fuego si me toca
con el hilo de luz con que me anuda,
y pira incandescente,

me rubrique los labios y la frente,
incendiada de besos. Y desnuda. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Dibujo: Carla Marín.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Usted

A usted, la de la negra lencería
y el corazón tan rojo,
en su boca de besos me deshojo
con modales de dulce tiranía.
A usted que sigue ardiendo todavía
lo mismo que un manojo
de labios de carmín, arca y cerrojo
donde guardo la sed del alma mía.
A usted, le digo a usted que no hay manera
que fugue de esta hoguera
sin quemarse las alas del deseo;
oscura y penitente,
llevando en el solsticio de la frente
el óleo bautismal de un dios ateo. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en Radio UAI.

Clasificados

Busco mujer que lleve en la cadera
el ritmo de tamboras de Bahía,
que no sea de nadie más que mía

(ni del aire siquiera).
Que quepa vertical en mi bañera
con afanes de estricta simetría,
igual que una sirena en la bahía
desnuda de su ropa marinera.

Bilingüe de los besos,

que no tema caer en los excesos
de pulsiones barrocas,
y ardido el corazón, mujer de lumbre,
se vuelva entre mis manos muchedumbre
de labios y de bocas. ©


Del libro Ocenario.
Dibujo: Sara Bishop.

Mademoiselle Amelie Poulain

"...Mais si je t'aime si je t'aime prends garde à toi!..."
(...pero si te amo, si te amo, ¡Cuídate!...) Habanera, Opera Carmen


Piedritas arrojadas en el Sena
con acierto de fina puntería,
un hombre de cristal que se rompía,
dos cartas de pasión en cuarentena,
un gnomo de jardín, un hada buena,
en dulce convivencia de alegría,
y el sueño de una niña que sabía
mirar el otro lado de la pena.
París, la Tour Eiffel y el albedrío
de amar en desvarío
con celo de afiebrado sentimiento,
tres fotos de carnet en la cabina,
un amor a la vuelta de la esquina
y el “había una vez” de tanto cuento.

Del libro Llevarás en la piel.

Perjurio

Eva sabe que miente
cuando dice que nunca me ha querido
y jura que soy parte del olvido
lo mismo que Luzbel y la serpiente.
—Me llevas en el centro de la frente,
latido por latido,
desvelo de tus noches y estallido
de arder en soledad, secretamente.
Si te sirve mentir, miente y perjura,
yo soy la quemadura
que más arde
y engaña al mismo Dios si te contenta.
En medio del fragor de la tormenta
me llamarás del modo más cobarde. ©

Del libro Oceanario.
Gracias Rachel Weisz.

Mitad

Mariposa de pubis inocente
que a fuerza de porfía me traspasa, 
mural de tabla rasa  
donde tallo tu amor adolescente.  
Aleteo de pájara batiente,
embrión de nidocasa,  
besofuente febril de bocabrasa,  
bocabrasa coral de besofuente.
Alborozo de dicha contenida,
tizón de roja herida  
con que llegas a mí para curarte.
Confín universal del infinito,
morada, pulso, grito.
Acaso la mitad de mi otra parte. ©

Del libro Llevarás en la piel.
Recitado en Radio UAI.

martes, 12 de septiembre de 2017

Mentiras piadosas (cuento meteorológico)

Estaban tan lejos.
Siete días antes se habían despedido y ahora el abismo de un mar interminable ponía ante sus ojos un oscuro reguero de distancia.
—Te escribiré cada día que llueva dijo él, aquel viernes de enero luminoso, suponiendo que la lluvia se pondría totalmente de su lado. (¿Acaso la lluvia no conspira a favor de los amantes?)
Bastaba que cayeran dos gotas de mínima incidencia para que, papel en mano, le escribiera de amores y tormentas.
De tal suerte llovieron veinticuatro domingos sucesivos y al gobierno porfiado del mal tiempo el amor fue un aguacero de palabras.
Un día, con presagio de tiempo esplendoroso, el suelo se pobló de flores nuevas y al conjuro de un sol inagotable la lluvia fue un recuerdo sin esencia.
El vigésimo quinto domingo no llovió, ni el otro, ni el siguiente. No llovió nunca más.

La espera le hizo un nudo en la garganta y el verano acabó por derrotarlo.
Una tarde de sol y de tristeza, el arribo imprevisto de una carta quebró la pesadilla de sus horas. Con apuro de amor desordenado hizo trizas el sobre del correo.

Apenas el rumor de tres palabras arañaban el blanco de la hoja:

—¡¡¡Miénteme que llueve!!!  ©


Publicado en la Revista Imaginaria / Marzo 2003.
Contado al aire en el programa de radio "A vos te cuento Buenos Aires", de Roque Vega. Radio UAI
Ilustración: Liniers / "Enriqueta viendo llover"

lunes, 11 de septiembre de 2017

Eva

Y Dios te hizo mujer, carnal semilla
de la urgencia de Adán y su desvelo,
heroísmo de amor, paloma en vuelo
de incierta maravilla.
Desde el mínimo albur de una costilla
con hilvanes de miel trazó tu cielo,
la selva de tu pelo,
las ingles, el ombligo, la barbilla.
Con afanes de arcilla,
tu destino lunar, tu ajuar en celo,
la lágrima sutil del desconsuelo
que tizna tu mejilla…
Eva serás y te marcó en la frente,
el árbol, la manzana, la serpiente.


Del libro Llevarás en la piel.

martes, 5 de septiembre de 2017

Teresa

"Dar, dar hasta que duela"

Pudo ser el amor y fue Teresa
en la India más pobre de Calcuta,
semilla, viento, gruta                                                      o encíclica de pan sobre la mesa.
Liviana flor que pesa
merced a su piedad más absoluta,
espiga, cuenco, fruta,
presagio bienvenido de promesa.
Pudo ser tantas cosas,
enjambre de ordenadas mariposas
cruzando la tiniebla más espesa,
gorrión de santidad echado a vuelo,
estrella, barro, cielo.
Pudo ser el amor y fue Teresa. ©

Del libro De diluvios y andenes.
En un nuevo aniversario de su partida física.

Ajuar

"A la maldición del cajón sin tu ropa". (JS)

Benditos los cajones de tu pieza
que guardan la nocturna lencería
y el hilo de la blanca epifanía
que enmarca tu belleza.
Ropaje de sutil delicadeza
urdido con satén de orfebrería,
delicia y ambrosía,
ajuar de emperatriz y niña alteza.
Benditos los hilvanes del bordado
y el viento que desnuda
la rosa de arrogante maquillaje;
la seda nobiliaria del pecado,
el oro de tu muda
y íntimo conjuro del encaje.


Del libro De diluvios y andenes.