lunes, 21 de mayo de 2018

Un día en la vida de Toulouse

Se acomoda el bombín y la chaqueta
y se toma un coñac en una esquina,
pispea por si pasa alguna mina,
chamuya del amor con un poeta.
La tarde de París es muy discreta,
la noche, un hervidero de bencina,
retrepa sin apuro la colina,
en su tierra, Lautrec es un profeta.
Dispone en la maleta
sus óleos preferidos, la anilina
azul, blanca, violeta.
El Mulen o el Folí son su oficina,
garpa, deja propina
y pianta de Monmartre en bicicleta. ©

Del libro De lunfa somos.
Recitado en el Café Montserrat.

Lautrec

Variaciones sobre un mismo tema

I

Lautrec insatisfecho
(horror y santidad de la locura),
se desgaja de luz en su pintura
de amante contrahecho.
A fuerza de dolor y de despecho,
con óleos de estridente desmesura,
dibuja prostitutas de impostura
desnudas en su lecho.
La noche de París es una llaga,

-que todo lo que pinte se deshaga-
será su enfebrecido mandamiento.
Estigma de enlutada borrachera,
Lautrec en su ceguera
comulga con el pan del escarmiento. ©


II

En son de duermevela
Lautrec dibuja arañas en el techo,
de mor, insatisfecho, 

dispara cuatro tiros de acuarela.
Lo mismo que un soldado centinela,

al extremo del lecho,
con encono de rabias al acecho

el diablo de la guarda lo recela.
Lleva puesta la pena indiferente
de ser entre la gente
un átomo de pus que lo cincela.
Pinta cielos de olvido,
mujeres que siquiera lo han querido
y se deja morir sobre la tela. ©


III


Toulouse como Luzbel

se enamora de putas y heroínas
y erecto en el abismo del pincel
las pinta en un prostíbulo de espinas.
Lo mismo que tizones en la piel
le duelen las mujeres parisinas,
de almíbar y de hiel,
amantes, pecadoras, clandestinas.
Detrás de las ventanas
las vírgenes de ojeras puritanas
fabulan con orgasmos de burdel.
Al filo de sus ganas,
rameras y borrachos y lesbianas
desfilan por sus noches de papel. ©

Del libro Llevarás en la piel.

Recitados en el Café Montserrat

domingo, 20 de mayo de 2018

Los amantes de la calle Centenera


























Inexpertos de amor se dieron cita
una tarde cualquiera,
en un bar de la calle Centenera,
cuando el frío de agosto deshabita
con envidia gratuita
los largos corredores de la espera.
Él volvía de alguna balacera,
ella, rosa marchita,
traía en el glaciar de la cartera
una pena de mármol, infinita,
y un diluvio de lágrimas de hoguera.
Augural y bendita
la suerte de los dos estaba escrita
desde la vez primera. ©


Del libro Llevarás en la piel
Dibujos: José Carlos Civit.
Recitado en el Homero Manzi.

jueves, 17 de mayo de 2018

Don Mario

En un nuevo aniversario de su partida.

A modo de inventario
amenguará la luna del desvelo
y un niño de ancho duelo
dirá su parlamento funerario.
En ayuno de sed involuntario
se secarán la rosa y el ciruelo
y un pájaro de hielo
redactará la miel de un obituario.
No servirá ningún abecedario,
ni homilía de llanto ni pañuelo,
ni tinta de exorcismo literario,
ni salmo de consuelo.
Lo escoltarán los ángeles en vuelo
y partirá Don Mario.

(Para escribir sonetos en el cielo) ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Homero Manzi.

Frágil

"La nostalgia es el deseo de no se sabe que" A de Saint Exupery.

Nada más frágil que este -amorgacela-
huyendo del zarpazo imprevisible
y ronco de la fiera
que en acecho de sangre lo persigue.
Lo mismo que un jazmín sobre la arena,
con leve inclinación de tallo triste,
luchando contra el viento que le enreda
la red de las raíces.
Más inerme que el miedo que lo frena
y jala de sus crines
con afanes de rabia traicionera;
sin un beso de amparo que lo libre
de la nostalgia ciega
y del terco presagio de morirse. ©

Del libro de poemas Oceanario.
Recitado en el Tortoni.

martes, 15 de mayo de 2018

Apariencias

De mañana, formal en la oficina,
sin pizca de rubor ni maquillaje,
llevando con estricta disciplina
el peso de su traje.
El tedio interminable, la rutina
de calzarse la piel del personaje
y el filo cotidiano de la espina
que portamos lo mismo que un tatuaje.
Ajuares de un brevísimo equipaje
que encubre una galaxia clandestina
de sedas y de encaje.
La noche tumultuaria la adivina
volcánica de besos y salvaje,
jugando a ser la gata de la esquina. ©

Del libro De diluvios y andenes.
Recitado en el Café Montserrat.

lunes, 14 de mayo de 2018

Salvabesos

Por si acaso al naufragar
ya no pueda con mis huesos,
precavido con la mar
llevo siempre un salvabesos
por lo que pueda pasar. (Javier Krahe)


Si naufrago en el estuario de tu boca
con la poca resistencia de mi nado,
que me aferre de un envión a tu costado.
Dios lo quiera, si me toca.
Si mi barco de papel contra la roca
tiene un fin predestinado,
he pedido que los besos que no he dado
los reserven para el beso de tu boca.
No permitas que me vaya mar afuera
sin aviso ni regresos
bajo el peso del turbión sobre la quilla.

Capitana de mi estrella marinera
tírame tu salvabesos.
Ya diviso desde aquí la maravilla©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Café Montserrat.

domingo, 13 de mayo de 2018

"Sin ti mi cama es ancha..."

"Ay mi amor, sin ti no entiendo el despertar"

A usted que duerme sola le aconsejo
revise los armarios de la pieza,
no vaya a ser que el dios de la tristeza
se oculte en el revés de algún espejo.
Acaso un llanto viejo
le arañe la ilusión con aspereza,
la pena con arpones de certeza
avanza para atrás, como el cangrejo.
Si siente que otra boca la reclama
verifique debajo de la cama
y cierre el corazón con doble llave.
Desnúdese del miedo.
Si es preciso quererla, yo me quedo,
palabra de escritor. (Usted ya sabe). ©

Del libro Oceanario.
Pintura: Georgy Kurasov.
Recitado en el Homero Manzi.

viernes, 11 de mayo de 2018

El quería escribir la canción más hermosa del mundo

Para Joaquín, hermano en la palabra.

El edén donde vive Sabina
tiene un sol de gallarda apostura,
un perfume de piel femenina
y un salón de lectura,
una foto con toros de Miura
de una tarde marcial y taurina,
un amor de promesa futura
y una dulce peruana inquilina,
una cama, un colchón, una mesa,
una boca que besa
profundo
y una musa de incierto apellido
que le dicta bajito al oído
la canción más hermosa del mundo.
 ©


Del libro De diluvios y andenes.
Recitado en el Tortoni.

De otoño fuimos

De otoño fuimos, aguijón que astilla
el oro de la tarde,
jirón de amarga luz, lluvia cobarde
que rueda por el sur de tu mejilla.
De otoño en el embrión de la semilla
que no brota ni arde
sin el beso de amparo que retarde
su verde concepción de maravilla.
Regidos por la ley de los convictos,
sin fe ni veredictos
de inocencia.
De otoño, corazón, que no renaces
y en agua te deshaces
lo mismo que la rosa de tu ausencia. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Tortoni.

jueves, 10 de mayo de 2018

Surco y corteza

Sobre tu espalda
dibujo inmensidades
de mansa lluvia  ©

Toma todo de mí porque presiento
que después de tu amor no habrá más nada,
ni el beso de la boca enamorada
ni el río de mi aliento.
Desbarata la rosa de cimiento,
ladrillo por ladrillo, deshojada,
atiza el polvorín de la mirada
y tenme por tu único alimento.
Desnúdame, provoca,
convoca
la pasión de cualquier modo;
separa a la mitad surco y corteza,
ingresa
adueñándote de todo. ©

Del libro Oceanario
Recitado en el Café Montserrat.

Llueve

 Todo dolor sucederá en la lluvia

Llueve desde el hondo gemir de la tarde,
con esa tristeza de antigua nostalgia
que teje la lluvia contra los cristales
con hilos de agua.
Llueve, llueve y llueve, como nunca antes,
sitiada de nubes, la luna de guardia
se pinta los labios de colores suaves
y de arena blanda.
Llueve sin tus manos, brumoso paisaje
donde todo es humo, barro y hojarasca
de oscuras señales.
Nocturno silencio que ronda la casa
y este amor de nadie
en el desaliento de cuatro palabras. ©

Del libro De diluvios y andenes.

Recitado en el café Montserrat.

miércoles, 9 de mayo de 2018

Vaticinio (Eva)

Aduéñate de mí, primer humano,
con hilvanes noctámbulos de enredo,
puedo
morir al filo de tu mano.
En ardores de celo cotidiano
tu diriges las horas y concedo,
no tengo ningún miedo
ni cedo al vaticinio del manzano.
Que no sepa quien soy y no consiga
aprender otro beso

más que el beso dictado por tu voz;   
que me salve tu amor y me bendiga,        

no procuro otro rezo
ni busco la fortuna de otro dios.
©


Del libro Oceanario.

Recitado en el Café Tortoni.

Astilla

Siempre queda una astilla del olvido
hurgando la garganta
y el acero templario de su filo
nos deshoja la voz y la palabra.
Lo mismo que una flecha sin destino
que da en el corazón a la distancia
y nos trunca la rosa del estío
con hoja de arma blanca.
Tu me llevas contigo
igual que una conjura de nostalgia
que repite mi nombre sin sentido.
Y en las horas más íntimas y amargas,
por quitarte la sed del beso mío,
en hilvanes de ausencia te desangras. ©

Del libro Oceanario.

Recitado en Radio UAI y en la UNA.

martes, 8 de mayo de 2018

Katmandú

 "Al lugar donde has sido feliz, no debieras tratar de volver..."  (JS)

¿Recuerdas Katmandú y abril y el cielo
de los años sesenta,
el valle de Nepal, tras la tormenta,
guarecidos los dos bajo tu pelo?
¿Recuerdas recordar con cuanto celo
juntábamos los granos de pimienta,
de sal, de anís, de menta,
de pulpa de limón y de pomelo?
Y liviana y menuda
te quitabas la túnica y desnuda
cual diosa hospitalaria,
orabas en la palma de mis manos
(hace tantos veranos),
como quien reza a Dios una plegaria. ©

(Katmandú, allá lejos, en el origen de nuestras vidas pasadas)

Del libro Oceanario.
Ilustración: Yannick Corboz.
Recitado en el Café Montserrat.