viernes, 28 de diciembre de 2012

Ya es hora de cerrar el Blog

Por unos días nomás, porque parto de vacaciones. Nos vemos a la vuelta.



Para todos, que el 2013 sea el mejor año de sus vidas.

miércoles, 26 de diciembre de 2012

El lunfa llegó a la Universidad



En algún momento, los que quieran, desde el link de la dirección de la radio y desde la ventana de Descargas, con el botón derecho, van a poder bajar el programa y escucharlo.

domingo, 23 de diciembre de 2012

Natal



Allá van San José con la parienta,
camino de Belén, a tranco lento,
a censarse los dos en cumplimiento
de un edicto que Herodes reglamenta;
la niña, parturienta,
con los pechos redondos de alimento,
avanza trabajosa contra el viento,
pesada su cintura y su osamenta;
es hora de nacer y no hay cobijo,
y la madre y el hijo
habrán de compartir esfuerzo y manto; 
blanca espera de luna,
José en el otro extremo de la cuna
y María pariendo al niño santo.

Del libro De diluvios y andenes.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Pares


Pintura: Nicoletta


Tenían en común la sed y el hambre
y el cine de Truffaut y el desconsuelo
de no verse la noche de los martes,
con aflicción de duelo;
amaban a la par a Proust y a Sartre,
a Borges, a Serrat, a Pirandello,
al trino de la Piaf, inseparable
de París y su cielo.
Eran uno los dos en la proeza
de compartir el mundo cotidiano
a pesar del dolor y la tristeza;
sujetos de la mano,
por el mar infinito de la pieza,
como peces en busca del verano.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.

domingo, 9 de diciembre de 2012

Cuento para leer en la lluvia



La historia por contar es la siguiente:
 
Una mujer-azul, de piel morena,
esconde en un rincón de su alacena
un beso personal de boca ausente;
con afanes de hambruna adolescente,
desmedida y obscena,
en horas de pasión y luna llena,
lo atenaza en los labios, ciegamente.
Infinita de ganas le hinca el diente,
(bacanal de azucena),
hasta vaciar el néctar de su fuente,
y luego, con más vértigo que pena,
lo abandona en el limbo de la arena
y lo libra al turbión de la corriente. 

Del libro de poemas Llevarás en la piel.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

Espiante






















Piantó del bulo gris y el malevaje 
con las pilchas mistongas que tenía,
cansada de tomar la sopa fría
y exhibir el dolor como un tatuaje; 
apenas las chirolas para el viaje,
la foto del casorio de aquel día 
y un impulso campal de valentía, 
mitad resignación, mitad coraje.
Marchita del gotán del abandono,
sin lágrima ni encono 
dejó un temblor de adiós sobre la cama;
una cosa es ser buena y otro tanto,
paloma del espanto,
trepar sin ilusión la misma rama.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.

sábado, 1 de diciembre de 2012

Cuando los ángeles hablan de mí

Los ángeles existen; doy fe de ello y en mi caso he tenido la suerte de que tomaran siempre formas femeninas. Debo confesar que antes que aparecieran sorpresivamente en mi vida no tenía mucho conocimiento acerca de sus gentiles andanzas, salvo lo que refieren ciertas páginas de cuento o el “murmuraje” de algunas charlas de vecinas domingueras. Lo cierto es que los ángeles existen y en su condición de tales poseen una extraña virtud (si virtud es el término adecuado), el día menos pensado, zas, desaparecen, de la misma manera y con la misma imprevisibilidad con la que alguna vez decidieron manifestar su existencia.

Mi primer ángel se llamó (o se llama, porque supongo que seguirá ejerciendo su actividad celeste) Luz (también, con ese nombre) y estuvo junto a mí casi un año, en el cual, de la nada, decidió mágicamente que mis sonetos debían formar parte de su entrañable revista, El Tangauta. Hasta que un día, desapareció.

Mi segundo ángel se llamó Milagros (casi otro nombre paradigmático), y también, sin que yo lo hubiese imaginado nunca, por imperio de su dulce voluntad me puso en contacto con Joaquín Sabina y Joan Manuel Serrat, a quienes les confió mi primer libro de poemas, y así como vino imprevistamente, imprevistamente también se esfumó en el aire.

Mi tercer ángel se llamó Tania, ella, con su don de gente y su ternura vital, me quitó mil vicios literarios y me hizo sin ninguna duda un mejor poeta. Tania también, más luego, ejerció conmigo el oficio de volverse transparente.

Mi cuarto ángel se llama Otilia y espero que nunca desaparezca.

martes, 27 de noviembre de 2012

De su sangre















Antiguo puerto de Barcelona

Para mis abuelos Pedro y Alberto que me legaron su sangre.

Sólo tengo el recuerdo de su testa canosa
y el andar ceniciento de su paso bendito,
acunaba en las manos un jardín infinito
donde ardía la rosa;
una bruma de ausencia descendía lluviosa
por sus ojos celestes, como un terco delito
de extrañar otro tiempo, otra luz y otro rito
de nostalgia forzosa;
sólo supo contarme del arado y el trigo
y del arduo trabajo de llevarme consigo
a otra playa lejana;
era amigo del viento y en las noches volvía
a su patria de entonces, con aquella porfía
de armazón catalana.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.

viernes, 19 de octubre de 2012

Rescate naval (cuento salado)














Dibujo: Roberto Marín

Se puso vestimentas de hombre rana,
escafandra y visera,
y saltó del tapial a la pecera,
por salvar a la niña cortesana;
dio la vuelta manzana,
portando una espadita de madera,
y la dama del agua, prisionera,
le abrió su corazón, como ventana.
No temo a tiburones, dijo el buzo,
ni al bagre ni al merluzo
y se lanzó a nadar corriente arriba,
con la niña tomada de la mano,  
en busca del estuario más lejano,
empapados de amor, a la deriva.

Del libro de poemas Oceanario.

sábado, 29 de septiembre de 2012

Diluvios
















Pintura: Dido, Dido, Dido.

Si en el claro de tus ojos
una tristeza diluvia,
amarillamente rubia,
de lágrimas y de enojos,
yo tengo dos besos rojos,
que siempre llevo conmigo,
por si el dolor enemigo
cerca tu vientre ondulado,
para acampar al costado
meridional de tu ombligo.

Que nada nunca te duela,
ni la nostalgia ni el llanto,
mientras yo te quiera tanto,
con este amor centinela;
traza en la noche una estela
de blanco fulgor de estío
y llama, que el beso mío
será cobijo y amparo,
candil de estrellas y faro,
cumbre de luz y navío.

Del libro de poemas Oceanario.

viernes, 21 de septiembre de 2012

MontelMAReeee






















Photo by Peter Lindbegh

La sirena y el buzo, según cuenta  
un viejo capitán de la marina,  
sostienen una historia clandestina, 
que ha capeado el Monzón y la tormenta;
cada uno del otro se alimenta 
con besos de cereal y pan de harina 
y en el fondo del mar hay una esquina
donde late la boca turbulenta.   
Fatalismo de amor, nada que nada,
la sirena encantada
bendice la ilusión de no estar sola,
y el buzo de los mares navegados,
con los labios salados,
le besa las escamas de la cola.

Del libro Oceanario.

martes, 11 de septiembre de 2012

Parolaje lunfa





















Foto: Silvina Macri

viernes, 7 de septiembre de 2012

Fire

Niña precoz, de oscura capa roja,
busca salir con lobo solitario,
que frecuente su mismo vecindario
y la cite a las seis y la recoja.
Extraña paradoja,
se exige del carnívoro primario,
que a modo parroquial de rezo diario
la muerda, si morderla se le antoja.
No es preciso que el lobo, agreste y rudo,
se presente desnudo,
luciendo los colmillos de la fiera,
pero es bueno que traiga entre los dientes
un ayuno de noches insurgentes
y una boca litúrgica de hoguera.

Del libro De diluvios y andenes.

miércoles, 5 de septiembre de 2012

Don Quijote del Abasto






















Dibujo: Silvie Cristine Iurman.

Tanguero y entrador, de pinta rea,
encurdelao el coso,
rastrilla cada feca del Toboso
llamando en geringoso a Dulcinea;
embroca, parlamenta, campanea
en asuntos de tránsito amoroso,
si la yuta lo busca se hace el oso
y pianta del cotorro y de la aldea.
Peinado raya al medio y con Brancato,                    
sin alardes el ñato
se monta de un tirón a Rocinante,
y al tranco parejito del equino,
contra viento y molino,
se pone a tararear un tango rante.

Del libro De diluvios y andenes.

(5 de septiembre, Día nacional del Lunfardo y quien mejor que el Rey de las letras cervantinas, pa homenajear al rante idioma de los tauras)

viernes, 31 de agosto de 2012

Ardimientos






















Pintura: Nicoletta

Arder ante el asombro de unos ojos
que nos miran arder, hoguera y lumbre,
evangelio de terca certidumbre
y de estiletes rojos;
arder, arder como rastrojos
de encantada delicia y de deslumbre,
en pos de las alturas y la cumbre,
igual que dos manojos  
de fuego bautismal frente al abismo 
y ser el fuego mismo  
que en sabia florecida se derrama;
urgencia varonil de sed extrema,
delirio que nos quema,
hasta volvernos parte de la llama.

Del libro Oceanario.

lunes, 27 de agosto de 2012

Taura















Pintura / Sigfrido.

Gardel se despereza de aburrido
y de tanto soñar a la bartola
pone un disco de jazz en la vitrola,
de ritmo sostenido;
cuatro tauras con nombre y apellido,
devotos de Ferrer y de Piazzola,
le baten la canción canyengue y sola
del tango del olvido.
Ordena la catrera del cotorro,
de fiaca frunce el morro
y saca el impermeable del ropero;
afuera llueve mucho y en la pena
de no verse en los ojos de Malena,
decide atravesar el aguacero.

Del libro De diluvios y andenes.

martes, 21 de agosto de 2012

Artistas con Haití -Antología solidaria-










Portada del libro

Niño de la luna

“No debe andar el mundo con el amor descalzo” (A. Tejada Gómez)

Con énfasis de ovillo
se tiende en el portal de alguna esquina
y vano de esperanzas se amotina
con la marca del hambre en el orillo,
en el hueco raído del bolsillo
le sangra el universo de una espina
y el miedo que lo inclina
lo sigue como un perro lazarillo;
sin canciones de cuna,
la noche es un escándalo de frío
y el alba una tristeza inoportuna;
ese niño también es algo mío
y no hay lumbre de luna
que vele su abandono de rocío.

viernes, 27 de julio de 2012

Taitantos

Se descubre feliz en el espejo
con un guiño festivo de ternura,
la carne sigue dura  
y vive dando clases de manejo.
Mejor el vino añejo
y los años vividos con hondura,
se palpa con vanidosa la cintura
y frunce divertida el entrecejo.
La guerra del amor pasa factura,
pero sigue de pie frente al Consejo 
de la Magistratura;
ni armisticio, ni paso de cangrejo,  
ni retiro de monja de clausura.
¡Es tiempo todavía de festejo!

Del libro De diluvios y andenes.
Pintura: Fernando Botero.

jueves, 19 de julio de 2012

Negro

















El Mendieta / Daniel Paz

Inodoro, la Eulogia y el Mendieta:
Que lo parió” –con el dolor más triste
se preguntan los tres–,“¿por qué te fuiste?”
cerrando el ventanal de la historieta.
Mientras Boggie desarma la escopeta
y apaga el cigarrillo que le diste,
la luna de crayón en que partiste
enluta los rincones del planeta.
A punta de grafito
fugaste sin querer al infinito,
en busca de un confín domiciliario;
bucanero de tinta al abordaje,
que el cielo que te guarde en hospedaje
tenga acaso la forma de Rosario.

Del libro De diluvios y andenes.
Incluido en la Revista El Tangauta.

lunes, 9 de julio de 2012

Somalía

















Me duele Somalía como un tajo
de sal en el cenit de las heridas,
sin ángeles ni estrellas bendecidas,
jirón de piel y andrajo; 
me duele ver la vida boca abajo,  
al filo de rencores homicidas,  
el hambre de las bocas consumidas,
los sueños arrancados a descuajo.
Y la muerte de un niño, cien, quinientos,
harapos a los vientos
en cruenta procesión de letanía...
Mientras sigan los viles en la rueda
jugando con la suerte a la moneda,
yo también soy un muerto en Somalía.

Del libro Oceanario.

jueves, 5 de julio de 2012

Galiparlantes

















          Baudelaire y Rimbaud eran dos gatos   
al filo de las noches parisinas, 
confundiendo luceros con espinas  
y espejismos de amor con arrebatos;   
con esmalte de tinta en los zapatos
y aroma de glicinas,
rondaban el umbral de las vecinas
con ardides de versos literatos.
Baudelaire y Rimbaud, galiparlantes,
de escarpines y guantes,
en un ruedo de rimas insensatas, 
bajo un cielo carmín de luna llena,
parientes consanguíneos de la pena,   
con destino de amor, pero sin gatas.

Del libro De diluvios y andenes.

domingo, 1 de julio de 2012

Como lobos






















Amantes en rojo / Nicoletta Tomas Caravia

Amar con el aliento estremecido
hasta quedar exánimes de besos,
sujetos a la boca autoritaria
y al voraz estallido,
con un pulso de sangre sostenido
al borde de los huesos,
enfrentando la muerte temporaria
del último latido,
agónicos los dos, pero tan vivos
y tan adolescentes,
desde el hambre, piadosos y abusivos,
y vándalos y altivos y oponentes,
librados al antojo de los dientes,
como lobos cautivos.

Del libro De diluvios y andenes.

lunes, 25 de junio de 2012

Sino

















Lettizia a la siesta / Fabián Pérez.

Me exilias al olvido
con empeño de rabia fatigosa
y te muerdes los labios con encono
por acallar el eco de mi nombre;
oscura de silencios y nostalgias,
te vuelcas en un llanto de cenizas
y te quitas la piel como un vestido
que lleva cada marca de mis dedos.
Perjuras que soy nadie,
mientras fugas en medio de la lluvia,
lo más lejos posible de mi boca,
como quien huye en vano del recuerdo,
porque sabes que estoy adentro tuyo,
lo mismo que un latido de tu sangre.

Del libro Oceanario.

martes, 19 de junio de 2012

Puntual















Llega. Desgobernando el aire, llega,
blandiendo los furores en su mano,
volcánico de lumbres y mundano,
por el río de sed en que navega;
tizón de furia ciega,
lo mismo que un diluvio de verano,
al mando del impulso más tirano
y el íntimo bullicio que despliega;
puntual en el deleite de tu boca,
jirón, cristal de roca,
regente del instinto y estratega,
artífice resuelto de la vida,
a pulso de embestida,
llega. ¡Llega!

Del libro De diluvios y andenes.

domingo, 17 de junio de 2012

Herencia






















En ti me repetí, la misma arcilla
del timbre de tu voz, el gajo nuevo,
linaje de tu sangre donde abrevo
madero, viento y quilla;
Adán de tu benéfica costilla
soy la huella viril de tu relevo
y en tu herencia dinástica conllevo 
un legado de luz que me acaudilla;
porque dictas la ley del verbo mío,
afluente de tu río,
de tu orilla,
entraña desprendida de tu hueso,
en tu nombre regreso,
soy el árbol plural de tu semilla.

Del libro De diluvios y andenes.

viernes, 15 de junio de 2012

JLB






















El camino es fatal como la flecha,
pero en las grietas, está Dios que acecha. (J. L. Borges)

Ginebra o Zúrich (Suiza),               
las ciudades posibles de mi muerte,           
elección insondable de la suerte,                
hollín, polvo, ceniza;                            
la dicha es un temblor que inmoviliza                   
y en nada toda nada se convierte,               
los sueños sueños son, la vida inerte        
por un hueco del alba se desliza.         
Yo elegí para mí muerte extranjera,  
un destino frugal y un cielo viejo,      
más allá de mis ojos la ceguera                  
vislumbra el otro lado del espejo.  
Morir o no morir, es indistinto,                 
nadie puede escapar del laberinto.

Incluido en el libro De diluvios y andenes.