miércoles, 27 de febrero de 2013

Eva durmiente

















Eva duerme la siesta,
con el pecho de Adán como sustento, 
sopor de intimidad a fuego lento  
y hedonismo de entrega manifiesta;
desnuda como el mar y predispuesta
a dormir sin ningún remordimiento,  
en la cumbre del viento
la vida luce sábanas de fiesta.
Se apoltrona de amor como una gata
que en besos se desata  
con lírico ademán de ronroneo;  
motín de desacato,  
en los brazos de Adán, durmiente gato,  
que le canta la nana del deseo.

Del libro Oceanario.

martes, 19 de febrero de 2013

Amasijo






















Dibujo: Diego Manuel

Entreabrió la tapuer del conventillo

y la encontró desnuda con el quía,
si parecía un nudo, parecía,
de cuello con tobillo;                            
con el dedo en la punta del gatillo
tiró con enconada alevosía,
cuatro balas de curda puntería
enlutaron el aire del pasillo.
Desde un cielo de cinc, la luna rea,
con rango de albacea,
tembló desde el eclipse de sus huesos,
él, con fulo dolor, cargó el bufoso,
desabrazó a la mina de aquel coso
y se voló la tapa de los sesos.

Del libro De diluvios y andenes.

jueves, 7 de febrero de 2013

Verdes

Eran verdes sus ojos, concedía,  
lo mismo que una tarde de tristeza
de verde soledad, delicadeza
de la melancolía;
eran verdes, de verde lejanía  
y edénico atavismo de belleza,  
como el verde que en flor se despereza  
con íntima porfía.
Hojarasca de selva enmarañada,
abril en su mirada  
del verde de su sed y su apetito;
oro verde de olivo y aceituna  
en verde faz de luna.
Acaso tal verdor fuese delito.

Del libro Oceanario.

domingo, 3 de febrero de 2013

Licor



Pintura: Nicoletta Tomas Caravia

"El alivio de estallar y derramarse" (JMS)

Con modales de rojo terciopelo, 
tu cama de cristal y de trinchera, 
parece el escenario de una hoguera 
donde escuece el desvelo;
a fuerza de quererte te encarcelo 
con hilvanes de savia limonera  
y en el porte gentil de tu pollera
adivino los límites del cielo. 
En urgente pulsión de desvarío
te rondo en el oleaje del rocío, 
con ímpetu volcánico de llama  
y encendido de fiebre y de ternura
me vuelco en el ojal de tu cintura   
lo mismo que un licor que se derrama.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.