sábado, 27 de abril de 2019

De seda vana

Flor del almendro
Japón se ha vuelto escombros
de seda vana. ©

Con tristeza de geisha mal querida
destrenzaba las trenzas de su pelo,
su mundo de origami era un pañuelo
partido a la mitad y así partida,
en llanto de desvelo,
vagaba en la penumbra, dolorida,
con el alma recién amanecida
y un gesto de profundo desconsuelo.
Espiga de bambú, flor del ciruelo
de almendros, contenida,
en actitud litúrgica de duelo.
Sangra tanto la herida
que en el pozo de sombras de su vida
ya no vuelan gorriones por el cielo. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Tortoni / Pintura: B. Lacombe
En homenaje a las víctimas del terremoto de Japón de ocurrido el 11 de marzo de 2011.

jueves, 25 de abril de 2019

Voy a la lluvia

“Mírame pronto
antes que en un descuido
me vuelva otro” (M Benedetti)

Voy a la lluvia (un modo del destierro)
y la lluvia me tizna de tristeza,
como un ángel de espinas al acecho
oculto en el umbral de cada puerta.
La lluvia es una forma del recuerdo,
litúrgica y blasfema,
que pronuncia tu nombre sin quererlo
con diluvial empeño de certeza.

Desde el peso trivial de lo doméstico
toda lluvia me cerca
sitiando las esquinas de mi cuerpo
con oscuros cerrojos de tiniebla.               
Mírame siempre,
que en la lluvia me vuelvo transparente. ©

Del libro De diluvios y andenes

Recitado en el Café Montserrat y en la APL.

miércoles, 24 de abril de 2019

Ella citaba a Almudena

Ella citaba a Almudena
con terca certidumbre de porfía: 
"Cuánto cuesta abandonarte,
lavarme de tu olor,
quitarme las huellas de tu peso..."
Y yo pensaba entonces que el olvido
era sórdidamente una palabra

ajena al diccionario de tu boca.
Acaso un verbo obtuso,
un yerro del azar, una mentira
extraña al parlamento de tus labios.
Igual que la nostalgia pavorosa
de lo que nunca ha sido,
lo mismo que un recuerdo inexistente. ©

Del libro Oeanario

Pintura: Nicoletta

Recitado en el Montserrat y Radio UAI.

martes, 23 de abril de 2019

Roja

Ardías desde el hambre de los labios
hasta la miel caliente de tus ojos,
lo mismo que una flor en carne viva
sembrada en el confín del universo.
Ardor ceremonial que te consume
en estruendo de luces de bengala,
portando en el solsticio de las ingles
un soplo de pasión que te vulnera.
Brasa azul de tu vientre,
fulgías de manera prodigiosa
en un tórrido escándalo de llama.
Igual que el fatalismo perentorio
de un fuego inagotable
ardiendo en el verano de tu boca. ©

Del libro Llevarás en la piel
Recitado en el Café Montserrat y en la APL

domingo, 21 de abril de 2019

Las manos tuyas


Aquellos ojos de tristeza verde,
abrevadores de la sed del mundo,
con un designio de clamor de fiebre,
eran los ojos tuyos.
Aquellas manos que sembraban rosas
en el solsticio de la nueva luna,
reparadoras de las almas rotas,
eran las manos tuyas.
Aquellos pechos de maná del cielo,
como presagios de carnal conjuro,
tizón de lumbre de mis labios secos,
eran los pechos tuyos.
Aquella boca de abrigado manto,
pecaminosa de infantil ternura,
que obraba besos como Dios milagros,
era la boca tuya. ©

Del libro Oceanario
Recitado en el Café Montserrat y en la APL.

sábado, 13 de abril de 2019

Vértice

Puedo vivir en el lugar exacto
donde toda la sed se desvanece,
vértice austral del último milagro
del ardor y la fiebre.
Igual que un atolón de jade blanco,
trepar el interior de sus paredes,
con un rojo trajín de besos laicos
de castidad celeste.
Allí donde el estío de tus ingles,
con púdica delicia,
anega los umbrales del abismo.

Peñón sacramental de tierra firme
donde las manos mías
se untan con estela de rocío. ©

Del libro Oceanario.
Recitado en el Café Montserrat y en Radio UAI.