martes, 13 de diciembre de 2016

Ficciones

Decía ser la Maga de Rayuela
(Cortázar de por medio),
para fugar del hábito del tedio,
que rojo de nostalgia la encarcela.
El Río de la Plata la desvela
sin luna de alquitrán y sin  remedio,
cautiva del asedio
de inventarse una vida paralela.
Era gris, de ese gris de tinte oscuro,
lo mismo que un conjuro
que a filo de puñales la traspasa;
una sombra difusa de si misma,
acaso una llovizna,
tan lejos de París (y de mi casa). ©

Del libro Oceanario.
Ilustración: Erika Kuhn.
Recitado en radio UAI.

37 comentarios:

Carlos dijo...

La verdadera Maga, según Julio:

dama asesina,
princesa vampira,
mujer, mujer-pez,
ojos de gata,
Maga,
mi error más hermoso
o mi hermosura más errónea.

Carlos dijo...

Fue sólo al perderlo que me di cuenta de cuanto lo quería".

Edith Aron. (la verdadera Maga)

Carlos dijo...

Maga, el personaje femenino central de la novela Rayuela, una mujer de carne y hueso, que Cortazar conoció por avatares del destino. Cortazar creía mucho en la fuerza del destino y del azar, para el los encuentros casuales tenían un significado y trascendencia especial.

La musa de Cortazar, la enigmática Maga protagonista femenina que deambula por Rayuela, el personaje más famoso de su libro más famoso y con el cual tuvo un éxito incalculable, existió. Su nombre: Edith Aron, una mujer entre miles pero de extraña belleza con ojos brillantes que miran muy fijo y el pelo color azabache.

En muchas ocasiones se le pregunto ¿qué había encontrado Cortazar de especial en ella?
Y ella llena de inocencia y risueña contesta: "¿Qué me vio Cortázar? No sé, ¡yo era simplemente una chica buena y agradable!".

De las entrevistas que le han realizado a Edith ella misma cuenta y evoca el momento en el cual vio a Cortazar por primera vez: "Me llamó la atención ese joven alto y delgado , que tocaba el piano en el salón de tercera clase, donde viajábamos". Sin embargo, y pese a haberse observado mutuamente, no se presentaron. Los unió el azar; una tarde, mientras ella estaba en una librería del boulevard Saint Germain, lo vio en la calle, del otro lado de la vidriera, y él la saludó con una inclinación de cabeza.

La segunda vez, se encontraron en un cine, donde pasaban la Juana de Arco, muda, de la Falconetti. La tercera vez, tropezaron el uno con el otro en el Jardín de Luxemburgo, hacía mucho frío y entraron en un café donde charlaron horas. Como se menciono al principio y reitera Maga , Cortázar le daba mucha importancia a estos encuentros dispuestos por el destino. Se hicieron amigos, él le regaló un poema suyo que hablaba del tiempo pasado en el barco, se titulaba: Los días entre paréntesis. Descubrieron amigos comunes en París y que, además, se divertían mucho juntos.

Cortázar después de cuatro semanas volvió a Buenos Aires y en agosto de 1951 le escribió a la Maga una carta:
"Querida Edith: No sé si se acuerda todavía del largo, flaco, feo y aburrido compañero que usted aceptó para pasear muchas veces por París, para ir a escuchar Bach a la Sala del Conservatorio, para ver un eclipse de luna en el parvis de Notre Dame, para botar al Sena un barquito de papel, para prestarle un pulóver verde (que todavía guarda su perfume, aunque los sentidos no lo perciban).
Yo soy otra vez ése, el hombre que le dijo, al despedirse de usted delante del Flore, que volvería a París en dos años. Voy a volver antes, estaré allí en noviembre. Pienso en el gusto de volverla a encontrar, y al mismo tiempo tengo un poco de miedo de que usted esté ya muy cambiada, de que no le divierta la posibilidad de verme. Por eso le pido desde ahora y se lo pido por escrito porque me es más fácil que si usted está ya en un orden satisfactorio de cosas, si no necesita este pedazo de pasado que soy yo, me lo diga sin rodeos. Sería mucho peor disimular un aburrimiento. Me gustaría que siga siendo brusca, complicada, irónica, entusiasta, y que un día yo pueda prestarle otro pulóver."

La carta es larga y la primera de una serie que duró tanto como la vida de Cortázar.
La Maga cuenta "El año 1952 quedará como un año muy especial para Julio y para mi", En el Jardín des Plantes descubrieron juntos los axolotes; en el parque de Secaux, Cortázar le leyó Final del juego y al verla tan conmovida le prometió que, al publicarlo, se lo dedicaría; una noche helada, oyeron a Edith Piaf, y el 23 de mayo asistieron al triunfo de Le sacre du Printemps.
Entre distancias, su comunicación se basa en cartas, numerosas, y que jamás dejaron de escribirse.

La ultima vez que se vieron fue en el subterráneo Pero él no le avisó. Como siempre, el destino los puso frente a frente, esta vez. La Maga se enojó; Cortázar se disculpó, diciéndole que estaba seguro de que el azar los iba a reunir, tal como había ocurrido.
Maga jamás pensó que las noticia próxima de Cortazar seria la de su muerte en 1984.

Carlos dijo...

En el momento en que Rayuela fue un boom, recuerda Julio Ortega, editor de la edición crítica francesa de Rayuela "todas las muchachas de la Facultad querían ser la Maga; y todos los hombres querían buscar su Maga, la fantasía masculina de la mujer enigmática que se relaciona con las fuerzas más intuitivas con una sabiduría inocente".

Aun la Maga sigue siendo un ideal, un mito. Edith Aron la mujer especial que cautivo a Cortazar con su sencillez, con su irreverencia dulce y su profunda inocencia está y estará siempre inmortalizada entre las páginas de Rayuela:

Carlos dijo...

"Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguir las formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts.
Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado para escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico."
(Rayuela, de Julio Cortázar, 1963)

tita dijo...

Me fascino tu entrada y tu historia,es muy prontito en España,las 9'18 te comentare en otro momento,te invito a desayunar.
Un beso

Humberto Dib dijo...

Carlos, no sé si quedarme con la entrada o con los datos acerca de la verdadera Maga. Bueno, creo que con las dos cosas.
Un abrazo.
HD

tita dijo...

Gracias por ésta entrada,una lección de sabiduria la tuya,Carlos,tu cuentas fantasticamente lo que la Maga significo en la vida de Cortazar.
Siento que la Maga era todo ingenuidad y ternura y que al final se dio cuenta de lo que lo queria.eso a veces pasa en la vida.
Creo que fue una novela innovadora en su tiempo(al principio encontre que era un poquito dificil de leer)
pero la disfrute al final y es bonito que esto te lo haga sentir un libro,en el que hay pedacitos de vida,de sentir,de amar y de recordar.
Tu poema le hace honor,fantastico y es verdad, una pena que una mañana estubiera tan lejos de París.
Se disfruta cada vez que se pasa por aqui.
Un beso.

Carlos dijo...

Vale, Ana, aunque tengamos horarios desfasadas, ahora es temprano aquí (mi invierno contra tu verano) :), desayunemos juntos.

Yo llevo las facturas.

Carlos dijo...

Hola Humberto, bueno me alegra que no hayas podido decidirte por una u otra cosa, :) porque el soneto me costó cierto esfuerzo.

Gracias por pasar.

Un abrazo.

(muchas veces te leo y valoro lo que haces, no dejo comentarios para no perderme en la selva de tus lectoras/es)

Carlos dijo...

Hola, Ana, desayunados los dos, paso a contarte que al igual que me pasa con Borges, yo amo al Cortazar poeta. :)

No por eso dejo de valorar sus novelas, sobre todo Rayuela, con toda su innovación y el vuelo poético de la hisotria de amor de la Maga.

En la red es muy común encontrarse con réplicas descoloridas de la Maga, pero son magas sin magia alguna.

Gracias por los libros que me enviaste, Ana, son maravillosos.

Un beso (cerca de mi casa) :)

Carlos dijo...

Ana, en realidad mi soneto no habla de la Maga real, sino de sus duplicaciones.

tita dijo...

De nada Carlos,siento que amas los libros,disfrutalos.
Un beso

Carlos dijo...

Sí, sobre todo si son libros de poesía y especialmente de sonetos.

Un beso.

María Bote dijo...

Una auténtica belleza de poema, amigo, no me canso de leerte.

De la pintura, ¿qué puedo decir?
le hace honor al soneto.

Gracias por escribir y compartir buena poesía.

Besos. María

Carlos dijo...

Hola María, que no te canses de leerme, habla de tu excelente resistencia física. :)

Se agradece tu lectura.

De Modi, que se puede decir sino maravillas.

(si vuelves a pasar me gustaría conocer tu opinión del soneto Puntual, teniendo en cuenta cuanto valoro la mirada femenina, frente a ciertos temas)

Un beso grande.

Mayte dijo...

A veces la sombra es el sueño que se ha de dejar para volver a renacer, como tus palabras...cada día hacen volver a sentir.

besos.

Discurso Bravo dijo...

Precisamente ahora, en estos dias, estoy leyendo Rayuela, luego de haber estado leyendo hasta hace no mucho La vuelta al dia en 80 mundos.

Nunca es tarde, descubri ya abiertamente en la segunda mitad de mi vida lo terriblemente sabroso que me resulta la lectura de Cortazar, su forma de escribir, sus metaforas, sus comparaciones, noto que escribe de una manera que me gustaria que fuera la mia, podria presumir de alguna similitud en la forma, pero lo que encuentro en vez o ademas es una concordancia en el contenido y en la forma en la cual se aproxima a las ideas, lo que puede resultar bastante comun y probablemente menos meritorio desde el punto de vista de la tecnica.

Pero volviendo al comentario, las casualidades, justo ayer encuentro en Facebook un texto de él subido por una amiga, que deje hoy en mi blog, titulado por mi Elogio de la idiotez, del que desconozco su titulo original.

Gracias por provocarme, y permiso para pasar el chivo:
http://discursobravo.blogspot.com.ar/2012/06/elogio-de-la-idiotez.html

Carlos dijo...

(my) Mayte, sombras, sueños, espejismos, siempre hay una segunda realidad esperando por nosotros.

Y siempre es bello (muy bello) verte pasar por casa.

Besos miles.

Carlos dijo...

Discurso Bravo, coincido contigo que nunca es tarde para descubrir a Cortazar. Y siempre su lectura conmociona.

El texto al que te refieres se titula: Hay que ser realmente idiota para... (Ensayo). Y nos permite ver la lucidez, la ironía y el profundo sentido del humor que manejaba en su literatura.

Mi casa es su casa.

Un abrazo.

Carlos dijo...

"Una sola vez, cuando en el almacén cercano a mi casa una chica mexicana me dijo que era una gran admiradora de Cortázar y que la Maga era su ideal, como era tan simpática pensé en decirle quién era yo. Pero no lo hice. No es un tema del que me guste hablar, no lo necesito y, además, a los ingleses nunca les interesó. Pero ahora… bueno, digamos que soy una señora mayor. Quizá no esté para el próximo aniversario de Cortázar".

Edith Aron.

Carlos dijo...

La Maga y Julio / Primer encuentro.

Edith Aron nació en el Sarre, una región en el límite entre Francia y Alemania, "que de no haber sido lamentablemente anexada por los alemanes hoy sería un pequeño país independiente como Luxemburgo", explica.

De familia judía, poco antes de la Segunda Guerra Mundial emigró con sus padres a la Argentina, donde ya tenían parientes.

"Fui al Colegio Pestalozzi, a cuyos profesores les voy a estar por siempre agradecida. Me permitieron mantener una identidad alemana como la de ellos, profundamente distanciada de la política e ideología nazi."

En un barco de vuelta a Europa, en 1950 y con 23 años, conoció a Cortázar.

"Yo estaba en tercera clase, no pasaba nada demasiado interesante y, de pronto, vi a un muchacho tocar tangos en el piano. Una chica italiana con la que compartía la cabina me dijo que me miraba y que como era tan lindo, por qué no iba a invitarlo a nuestra mesa. Pero estábamos sentadas con gente muy rara, el mozo era muy viejo y no me animé."

Carlos dijo...

"Cierta noche Cortázar me dijo que Aurora (Aurora Bermudez, su primera mujer) vendría a pasar fin de año a París, y me preguntó qué era más importante para mí, Navidad o Año Nuevo. No sé por qué le dije que Año Nuevo, que Navidad la iba a pasar con mi papá. Cuando nos volvimos a ver, él había pasado Navidad con Aurora y se había decidido por ella. Fue sólo al perderlo que me di cuenta de que lo quería"

Edith Aron.

Carlos dijo...

EL AZAR

La primera vez que lo vio le llamó la atención su porte, su presencia y la forma de pronunciar la "r" a la francesa, desde la garganta. Lo escuchaba con detención hablar a lo lejos en medio del humo y el jolgorio de ese salón de tercera. Viajaban desde Buenos Aires a París en el barco italiano "Conte Biacamano", sintiendo la brisa de ese 6 de enero de 1950.

Esa noche, el lugar se inundó de las miradas cómplices, de la imagen de un Julio Cortázar que años más tarde sería uno de los mejores escritores del mundo.

Los días en el mar terminaron sin que ella sintiera más que atracción por el joven alto, amable y de rasgos acromegálicos. En su mente quedaron sus ojos y el recuerdo de él tocando piano a cuatro manos con un amigo. Unos cigarrillos Gitanes. Un par de tangos.

"Esa noche, yo estaba sentada a la mesa con unas compañeras de habitación. Una italiana que estaba embarazada y una monja que decía que iba a rezar por mí. Una de ellas me dijo que invitáramos a Julio a la mesa, pero no sé qué pasó, todo estaba muy raro y finalmente no lo llamamos", recuerda Edith.

Con prisa y luego de unos días en el mar, el barco llegó hasta Cannes. No cruzó una sola palabra con el enigmático viajero. Quería llegar pronto donde su padre. No lo veía hace 15 años. De la mano de su madre, lo había abandonado presionada por el desastre que estaba causando el nazismo, pero todavía mantenía intacto el recuerdo del Sarre, su lugar de origen: un territorio ubicado entre Francia y Alemania que no había escapado del ansia de poder de Hitler.

Pasó un tiempo desde aquel viaje por el mar y un día en una librería del Boulevard Saint Germain, en París, se volvieron a ver. Se reconocieron de inmediato. Ella iba a dejar un encargo que traía desde Buenos Aires y lo miró sorprendida por el destino. Por primera vez cruzaron palabras.

"Nos volvimos a encontrar por tercera vez. Yo estaba en el cine viendo una película muda, 'Juana de Arco'. Luego, nos vimos en los Jardines de Luxemburgo y Julio me invitó a tomar un café. Para él, las casualidades eran muy importantes". Esa tarde caminaron y descubrieron que tenían amigos comunes en Buenos Aires, intercambiaron direcciones y las citas comenzaron a ser más frecuentes. Edith tenía 23 años y Julio 32.

Ella se reía con sus ocurrencias. "Era mi primer encuentro con un gran intelectual. Sabía tanto, pero nos llevábamos bien porque tenía un gran sentido del humor. Él se reía un poco de mí, tenía una cultura superior. Yo me sentía tan impresionada. Inventaba muchas cosas. Ese día le llamó la atención un árbol con raíces enormes y me recitó un poema: 'Trees'".

Sus paseos se hicieron cada vez más habituales. "Un día llegamos hasta Jardin des Plants. Ahí descubrimos los Axolotl que lo dejaron muy impresionado. Luego de andar, yo en mi vieja bicicleta y él en la suya de marca Aleluya, nos detuvimos. Apoyados contra un árbol me leyó un cuento muy lindo. Me hizo llorar porque me hacía recordar muchas cosas de Buenos Aires y él también se emocionó porque a mí me emocionaba. Entonces me dijo que si alguna vez lo publicaba me lo iba a dedicar".

Años más tarde, cuando ya no estaban juntos, ese relato se convirtió en parte de "Final del juego". Y ella le reprochó que no hubiese cumplido con la dedicatoria. "Él me dijo: '!Pero si a ti te dediqué un libro completo!'", recuerda Edith y suelta una carcajada.

Así se hizo testigo de algunos de sus relatos. "Un día, mientras comíamos y él jugaba con unas migas de pan que estaban sobre la mesa, me miró y comentó: 'Tengo ganas de escribir un libro mágico'". Así nació "Rayuela".

Carlos dijo...

Final

La última vez que Edith vio a Cortázar fue en 1978, en un vagón de la estación South Kensington en Londres. Él iba acompañado de Carol Dunlop, su última esposa. "Se sentó a mi lado y me preguntó si no creía que era una casualidad que nos encontráramos allí, pero no. Yo le dije que ya no creía en las casualidades. Nunca pensé que sería la última vez, por eso me impresioné cuando un día en un café de Londres, leyendo un diario, me enteré que Julio había muerto".

Carlos dijo...

Los días entre paréntesis (Primer poema que Julio le regaló a Edith, en uno de sus tantos encuentros casuales)

“Veo el mundo como un caos y en su centro una rosa, veo la rosa como el ojo feliz de la hermosura y en su centro el gusano, veo el gusano como un trocito de la inmensa vida y en su centro la muerte, veo la muerte como la llama de la nada y en su centro la esperanza, veo la esperanza como un vitral cantando a mediodía y en su centro el hombre”...

tita dijo...

Felicidades,este blog si merece la pena,eres genial Carlos,fantastico.Un beso

Carlos dijo...

Gracias Ana, vos porque me querés mucho. :)

Ahí dejé un soneto acerca del Planeta Blogger. :)

Un besote.

tita dijo...

Tal como es la realidad,ni quito ni pongo una palabra,PLANETA BLOGGER.
El domingo estoy contigo.
Un beso

Carlos dijo...

:) Beso.

El domingo cualquier cosa te aviso.

Antonia Cerrato dijo...

En esta noche casi mágica, conseguí acercarme a tu blog y dejarte esta felicitación, junto con un cordial saludo. Antonia

Carlos dijo...

Hola Antonia, me alegra que te hayas acercado para compartir conmigo mis sonetos.

Gracias por tu felicitación.

Un beso grande para vos.

Francisca Quintana Vega dijo...

Me han servido de mucho sus comentarios,para comprender bien el poema. Una historia realmente interesante, especial, de esas que podrían ser fuente de la que brotara un manantial de capítulos de una estupenda novela.Buen poema, que recoge la esencia de toda la historia.
Me ha gustado la entrada. Mi cordial saludo.

Carlos dijo...

Hola Francisca, hay un comentario por allí del editor de Cortázar, que nos hace saber que, tras la edición de Rayuela, casi todas las mujeres querían ser la Maga.

Hoy día, cada tanto me topo con algún Blog donde se advierte que la autora del mismo sigue fantaseando con ello.

Mi soneto alude a esa suerte de Maga de ficción, (yo conozco algunas) que intentando ser otra persona, deja inclusive de ser ella misma.

No sé si he sido claro. :)

Le dejo un afectuoso saludo.

Carlos dijo...

Supe conocer inclusive a una mujer que tenía un correo de red a nombre de Edith Aron.

Rembrandt dijo...

“Decía ser la Maga de Rayuela….”

Muy buen soneto, seguramente muchas mujeres han fantaseado con el personaje de la Maga, no sé si hoy en día ocurre dado que ha pasado mucho tiempo desde la publicación del libro y el mundo (las personas cambian) pero siempre habrá admiradoras de Edith Aron.

REM


Para muestra …
"Una sola vez, cuando en el almacén cercano a mi casa una chica mexicana me dijo que era una gran admiradora de Cortázar y que la Maga era su ideal, como era tan simpática pensé en decirle quién era yo. Pero no lo hice. No es un tema del que me guste hablar, no lo necesito y, además, a los ingleses nunca les interesó. Pero ahora… bueno, digamos que soy una señora mayor. Quizá no esté para el próximo aniversario de Cortázar", aclara suspirando.

Carlos dijo...

Hoy en día no tanto, pero alguna que otra cada tanto aparece.

Puedo imaginarte como la Maga.

Hemos transcripto el mismo texto, casualidad??

(tan lejos de París y de mi casa)