sábado, 25 de febrero de 2017

Mujer descalza

No te desnudes,
me basta con tus pies
a la intemperie.

Eres desde el inicio de ti misma
un junco interminable de belleza,
espiga de marfil y de amatista
al pie de la tormenta.
Arrullo de cristal, paloma encinta
de nísperos y almendras,
deseando que mi boca te desvista
en íntimo ejercicio de contienda.
Desnuda y vertical hueles a nardos
de pétalos silvestres
que brotan a la vera del recuerdo;
librada al belicismo de mis labios,
oceánica y celeste,
rozando el esplendor de lo perfecto.


Del libro Llevarás en la piel.