miércoles, 23 de enero de 2013

Empeño


Fotografía: Alejandro Epelde.

Para que no vuelvas,
tiznaré los bordes de la luna blanca,
callaré tu nombre, borraré las huellas,
hundiré la barca;
para que no logres encontrar la senda,
quitaré del aire señales y marcas,
fundiré las llaves de todas las puertas,
izaré montañas;
para no buscarte, como un niño a ciegas,
me ataré las manos con hilos de plata
y anillas de seda,
para deshacerme de tu boca en llamas,
del amor en celo, de la sangre en vela,
no diré siquiera ni media palabra.

Del libro de poemas De diluvios y andenes.

17 comentarios:

Carlos dijo...

De tu boca en llamas...

Francisca Quintana Vega dijo...

Todo un canto al amor...en la renuncia, este precioso poema. Y queda muy bien su forma, muy original de dodecasílabos y hexasílabos. Tiene el ritmo muy bien marcado. Mi cordial saludo.

Carlos dijo...

Así es Francisca, o también un canto al desamor, a lo ido, a capítulo cerrado de la vida.

Sabes cuanto procuro encontrar el ritmo musical en mis poemas.

Un saludo afectuoso.

tita dijo...

Hay ,los desamores y las puertas cerradas,que dificil renunciar a esos recuerdos.
Tiene musica este soneto poeta,buenisimo ademas que lindo nombre EMPEÑO suena muy bien

Me encanta esa foto,tu sabes por que lo has comprobado mi inutilidad para la fotografia,pero un tiempo
me encantaba fotografiar puertas y esta me ha recordado esa etapa.

Aun estás de vacaciones?
Un beso.

Carlos dijo...

Hola Ana, toda cuota de olvido simpre requiere poner de nuestra parte una parte de empeño.

La foto es bellísima, siempre las fotos de puertas encierran una nostalgia luminosa y hay puertas abiertas a la esperanza y puertas que necesariamente deben cerrarse para siempre.

Ultimos días Anita, :( el lunes de vuelta al yugo. jeje.

Un beso grande.

Sandra Montelpare dijo...

¡Chapeau, Carlos!
Todos los sonetos que leo acá tienen oficio pero en casos como este se sale de los poros lo bien escrito.
Será que está despojado de adjetivación (puntazo a favor) y hay que sostener eso en el género lírico.
Dos momentos, el "no vuelvas" en los dos cuartetos, el "no buscarte" en los dos tercetos. A eso me refería, equilibrado.
Que me encantó, redondito redondito. Como pocas veces clap clap clap dicho lo cual me retiro, te dejo un beso y me afano descaradamente "no diré siquiera ni media palabra".
Silenzio stampa.

Carlos dijo...

Muchas gracias Sandra, dicen que desde el dolor, la poesía cobra una mayor contundencia.

El olvido es siempre un duro aprendizaje y hay veces en que hay que tomar distancia.

Lo bueno es que la escritura nos permite hacer catarsis.

Me quedo con el beso y humildemente con los clap, clap que me me has dispensado. :)

Un beso grande.

Aldabra dijo...

dejé un poema tuyo en mi blog, junto a la sirena de agua... todavía la tenia pendiente pero no me había olvidado de ella.

gracias y biquiños,

Carlos dijo...

Muchas gracias Aldabra.

Beso.

Nusky dijo...

Aprovecha estos ultimos dias ,que te queda muy poquito de tus vacaciones.
Muy linda tu felicitación a Darín,como tu dices un encantador de la pantalla.
Espero escucharte mañana con Ana,se te extraña alli.
Un beso

tita dijo...

Creo que Nuski esta haciendo travesuras otra vez jajaja.
Besos

Carlos dijo...

Niña Nusky, cómo dice que le va?? ;)

No me digas lo de las vacaciones que se me pianta un lagrimón. :)

Darí es como Gardel, cada día trabaja mejor.

Supongo que domani voy a participar del programa de Ana.

Carlos dijo...

Ana, un beso grande.

Malena dijo...

Es absolutamente inútil.
Uno siempre vuelve a los viejos sitios donde amó la vida, aunque rompan todos los gps.

Carlos dijo...

Será realmente así, o eso es una suerte de mito urbano que tiene mucho que ver con nuestra esencia "tanguera"?

Quilosá.

Malena dijo...

Que uno vuelve, es un hecho. Pero ya que estoy con esto de las referencias musicales, citaré a Joaquín: En Comala comprendí que al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver.

Carlos dijo...

En la versión original, hecha por Joaquín para que la cantase Ana Belén, la ciudad era la Macondo del Gabo.

Tal vez uno vuelva desde el remordimiento de haber hecho algunas cosas no como hubiese querido o podido.